Sunday, December 31, 2006

Noticias del día 2006-12-31

Meditación: Lugar para crecer en edad, sabiduría y gracia

Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia; recibía una educación completa.

Evangelio: Lc 2, 2, 41-52
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrado, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: -"Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Él les contestó: -"¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?". Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Meditación:

Dios, que es amor, quiere salvar a la humanidad -perdida por el pecado- haciendo de ella su familia. El hijo de Dios entra en una familia humana, para que el hombre pueda llegar a ser hijo de Dios, acogido en el seno de la Santísima Trinidad. Comunión de amor, en el cielo y en la tierra.

Celebrar la fiesta de la sagrada familia es tomar conciencia del plan de salvación universal, que para nosotros significa también formar parte de una familia.

En nuestra sociedad, la familia es la gran enferma, necesitada urgentemente de cuidado y medicina. Es la gran olvidada, necesitada de mucha oración. Releamos el evangelio de hoy, y tratemos de sacar alguna lección para nosotros.

Podemos considerar, en primer lugar, que la sagrada familia no estaba aislada, formaba parte de un ambiente donde Dios ocupaba el puesto central, y donde los ritmos, las opciones, las prioridades, estaban establecidas en referencia a Él. Se crecía en un clima religioso, abierto a lo sobrenatural.

En segundo lugar, fijémonos en la sagrada familia tenía momentos de prueba. Es muy significativo el breve diálogo cuando encuentran a Jesús, que se había perdido en el templo. "¿Por qué nos has hecho esto?". "Pero ellos no comprendieron sus palabras". En el corazón del proceso educativo debe estar la respuesta a Dios, en conciencia. Este proceso alcanza su fin en la medida en que ayuda verdaderamente a los hijos a crecer como personas adultas, portadoras de una vocación concreta.

Podríamos preguntarnos; ¿María y José cumplieron su misión de padres? Responde el Evangelio: Jesús estaba sometido a ellos, porque les obedecía, y con esa obediencia no se separaba de la obediencia a la voluntad del Padre. Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia; recibía una educación completa. Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón, y ciertamente también José, y así se hicieron discípulos del Hijo en el silencio de la oración y la meditación.

Oración:

Por intercesión de María, Reina de la familia, haz, Señor, que tu familia cristiana sepa ofrecer al mundo un testimonio de paz, de comunión, de fidelidad y amor a la vida. Que esté abierta a los demás, especialmente a los más pequeños e indefensos, a los más débiles y pobres, a los más solos e infelices.

Propósito:

En este día rezaré el santo rosario por todas las familias.

Meditación: Alabemos al Rey de eterna gloria

Ser profetas de esperanza en medio de la noche del mundo.

Evangelio: Lc 2, 36-40
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Meditación:

El episodio de la presentación en el templo, que parece terminar con la profecía de la pasión, narra un nuevo e inesperado acontecimiento.

Cuando ha cumplido lo que mandaba la ley del Señor, aparece de repente la profetisa Ana, cuya historia personal tiene para nosotros una hermosa enseñanza. Se había quedado viuda en la juventud, y tuvo la "feliz intuición" de comprender que su vida no permanecería vacía de sentido, sino que, precisamente en aquella situación de viudez, podía ser una ofrenda agradable a Dios. La celebración anual del misterio del nacimiento de Dios nos da la gracia de un nuevo inicio, de ver que algún signo de la ancianidad marcada en nuestra existencia permanecerá en y con Jesús, y siempre será posible volver a la infancia espiritual.

Ana no se alejaba del templo, donde vivía adorando y sirviendo al Señor. Separada del mundo, en una continua y siempre renovada renuncia a los gozos efímeros y superficiales, se dedica a las cosas de Dios. Lentamente, su corazón y su mirada se purifican y, como estaba prometido en la bienaventuranza, puede al final "ver a Dios". Como Simeón, intuye quién es, y al mismo tiempo siente que para ella ha llegado la hora de dar su hermoso testimonio de fe: declara públicamente el carácter mesiánico de aquel niño a todos los que están en el templo. Es esta la misión de los cristianos en la historia: apoyados en su fe y en la fuerza de su profunda unión con el Señor mediante la oración y los sacramentos, ser profetas de esperanza en medio de la noche del mundo.

Oración:

Haz, señor, que sepa convertirme en gozoso anunciador de tu Evangelio, apasionado testigo de tu amor fiel para todos los hombres.

Propósito:

Hoy recordaré a todos aquellos que me han empujado en el camino de mi fe, con sus palabras o con su ejemplo.

Meditación: Luz para iluminar al mundo

Depende de cada uno de nosotros el acogerle o rechazarle, salir a su encuentro o darle la espalda.

Evangelio: Lc 2, 22-35
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "Un par de tórtolas o dos pichones". Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la Ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: -"Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: -"Mira, este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma".

Meditación:

En la presentación de Jesús en el templo se lleva a cabo el encuentro de Dios con toda la humanidad. Cada uno de nosotros está allí presente: María muestra a todo hombre el Niño Dios: "Metámonos nosotros también en el templo, tomemos entre nuestros brazos al Hijo de Dios y abracémosle, haciéndonos un poco más dignos de ser llevados hacia los bienes más altos. Recemos intensamente al omnipotente. Y allí, supliquemos también al pequeño Jesús, que queremos tenerle siempre entre nuestros brazos, conversar con Él" (Orígenes).

Depende de cada uno de nosotros el acogerle o rechazarle, salir a su encuentro o darle la espalda. El evangelio parece sugerir que saldrá al encuentro del Señor aquel que, como Simeón o como Ana, pone por encima de todos los deseos de ver el rostro de Dios, y haga lo que haga, tiene el corazón siempre vigilante y orante, atento a escuchar las mociones del Espíritu. Acogerá al niño Dios aquel que vive en el tiempo pero vuelto hacia la eternidad, aquel que atraviesa las tinieblas de la duda y la dificultad manteniendo vivo su amor a la palabra de Dios, luz para caminar en este valle de lágrimas.

Jesús es presentado en el templo como primicia de la nueva humanidad. En Él, todos nosotros renacidos mediante el bautismo, iluminados por el Evangelio, podemos ser una ofrenda de suave perfume de santidad. El encuentro y la acogida de Cristo-luz se realiza en lo cotidiano, para que en cada uno de cuantos viven a nuestro lado, se difunda en el mundo que es Cristo mismo quien viene a nosotros para iluminarnos.

Oración:

Concédenos, Señor Jesús, el don de una fe humilde y llena de admiración, que vea en cada uno de los más pequeños signos un misterio de gracia, un don de tu bondad; una fe fuerte y paciente que nos guíe en nuestra espera y en nuestras grandes pruebas; una fe ardiente y luminosa, que ilumine en el corazón de muchos el deseo de tu paz y de tu salvación.

Propósito:

Rezaré en este día especialmente por todas las personas ancianas, para que su encuentro definitivo con el Señor pueda ser un encuentro de paz y alegría gozosa.

Friday, December 29, 2006

Meditación: Un llanto sin consuelo

En la fe, el luto se ilumina de esperanza, de un cierto gozo.

Evangelio: Mt 2, 13-18
Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: -"Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: "Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto". Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado por medio de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: "Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven".

Meditación:

Si en la noche de Navidad la Iglesia nos invita a cantar la gloria de Dios, que ha bajado de lo alto del cielo y se ha fijado en la tierra, el misterio de la encarnación se presenta también como una realidad de pasión y de sufrimiento, porque "la luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la han recibido". Después del martirio de san Esteban, el calendario litúrgico celebra hoy a los santos inocentes. No conocemos sus nombres, sino sólo su prerrogativa; eran recién nacidos en Belén, y fueron hechos asesinar por Herodes, que se sentía amenazado por el recién nacido rey de los judíos. Su misma muerte es un testimonio: "Con la boca del infante afirmas tu poder contra todos tus adversarios, para reducir al silencio a los enemigos y rebeldes" (Sal 8,3). El obispo Quodvuldeus comenta: "Estos niños, sin saberlo, mueren por Cristo. Cristo ha hecho testigos suyos a aquellos que no hablaban todavía". Y san Cipriano añade una aguda observación: "La infancia inocente demuestra que nadie es inmune a la amenaza de la persecución, pues también aquellos niños sufrieron el martirio". ¿Somos conscientes de ello? ¿Estaríamos dispuestos a dar este testimonio de sangre?

La página evangélica de la muerte de los inocentes es para nosotros de extraordinaria actualidad. Cada día las crónicas de sucesos hacen pasar frente a nuestros ojos espectáculos de gran crueldad con los más pequeños, objetos de innoble disfrute, de deshumano mercado, de atroz ferocidad... No bastaron las lágrimas humanas para lavar tales manchas de pecado. Raquel -o sea, la madre Iglesia- no quiere, no puede ser consolada, porque la vida es destruida desde el mismo momento de la concepción. Pero en la fe, el luto se ilumina de esperanza, de un cierto gozo.

Dar la vida por Cristo, esto es lo que cambia el sentido y el valor del sufrimiento. "Nuestras cruces adquieren valor si son consideradas y acogidas como parte de la cruz de Cristo, si se iluminan con su verdadera luz. Sólo en aquella cruz nuestros sufrimientos se convierten en nobles y adquieren su verdadero sentido" (Benedicto XVI).

Oración:

Señor Jesús, acabas de nacer y Tú ya estás muriendo con los pequeños de Belén, y continúas muriendo hoy donde la vida es despreciada. No permitas que el horror del mal nos escandalice. Enciende en nosotros la fe y la esperanza. Que donde la razón no llega, haz que el corazón, iluminado por la luz de tu Espíritu, sepa siempre penetrar, intuir el valor redentor del sufrimiento vivido íntimamente unido a ti.

Propósito:

Ofreceré mis oraciones y mis trabajos diarios por todos los niños abandonados, maltratados, asesinados en los primeros años (meses, semanas) de su vida. Me examinaré para ver cómo puedo ser signo de amor y solidaridad para los que sufren a mi alrededor.

Thursday, December 28, 2006

Meditación: Vio y creyó

La fuerza que tienen los dos apóstoles es el nombre de Jesús, es Jesús mismo.

Evangelio: Jn 20, 2-8
El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: -"Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó el primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Meditación:

Después de la festividad del nacimiento al cielo de san Esteban, la Iglesia coloca aquella de san Juan, el evangelista que da testimonio de Cristo durante el largo martirio de su vida, con el deseo ardiente de reunirse con aquel que era todo su amor.

Juan es aquel que más íntimamente percibió el misterio de la misericordia y de amor infinito de Cristo: "Aquel que hemos visto y oído os lo anunciamos también a vosotros, para que estéis en comunión con nosotros". El fin de todo es precisamente la comunión, el amor.

El evangelio nos lleva a la mañana de Pascua, cuando Pedro y Juan corren juntos hacia el sepulcro. En su camino hacia el Señor, Pedro y Juan se ayudan, se animan mutuamente, se sostienen el uno en el otro. Les vemos juntos en el lago de Tiberíades, cuando será precisamente el discípulo amado quien reconoce en primer lugar la presencia de Cristo: "Es el Señor". Caminando y viviendo juntos, de tímidos discípulos se van transformando en ardientes testigos del resucitado.

Les encontramos de nuevo junto a la Puerta Hermosa del templo, cuando, hacia las tres de la tarde, según la costumbre, se acercan al templo para la oración. Pasando junto a un hombre paralítico que pedía limosna, "Pedro fijó en él su mirada, y junto a Juan, dijo: Míranos...". "En el nombre de Jesús, el Nazareno, ponte en pie".

La fuerza que tienen los dos apóstoles es el nombre de Jesús, es Jesús mismo. Todo el pueblo, profundamente tocado por aquel acontecimiento de gracia, se abre al anuncio del Evangelio. Empieza así a realizarse la oración de Jesús: "Que todos sean uno, para que el mundo crea".

Oración:

Oh Dios, Padre de infinita misericordia, vuelve a nosotros tu mirada. Haznos fuertes en la fe, serenos en la esperanza, ardientes y fieles en la caridad, para que a través de las muchas tribulaciones del tiempo presente, lleguemos al pleno esplendor de tu reino de santidad y paz.

Propósito:

Hoy leeré el prólogo del evangelio según san Juan, dejándome iluminar por la palabra de Dios y buscando ver en qué cosas de mi vida debo convertirme, para vivir más en comunión con Dios y con mis hermanos.

Meditación: El testimonio del amor

Si el temor nos asalta, si nos sentimos incapaces, el Evangelio nos asegura que dentro de nosotros habita el Espíritu Santo. Él nos dará la fuerza, la luz y el arrojo.

Evangelio: Mt 10, 17-22
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: -"No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra los padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará".

Meditación:

"Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Después de la solemnidad de la Navidad, resuenan en la Iglesia, estas palabras que nos llevan al Calvario. Son las palabras que Jesús crucificado pronuncia en defensa de sus propios verdugos. Son también las palabras de Esteban, el primer mártir cristiano, que se muestra así imitador de su Maestro.

Lleno de celo en el anuncio de la buena noticia, lleno de fuerza frente a sus adversarios, sabe testimoniar hasta el derramamiento de su sangre su fe en Cristo, que es fe en el Dios amor. Como Jesús, también él muere perdonando. Aparece ante sus verdugos brillante como un ángel.

"Ayer -escribe el obispo Fulgencio- Cristo fue envuelto en pañales; hoy, Esteban fue revestido por Él de inmortalidad". La fecundidad de su sacrificio no se hace esperar, el joven Saulo, que está presente en la ejecución y la aprobaba, poco tiempo después será conquistado para el amor de Jesús y se convertirá en el apóstol de los gentiles. "El que persevere hasta el final -hemos leído en el evangelio- se salvará", y dará la salvación a muchos.

El ejemplo de Esteban no nos debe dejar indiferentes. La santidad de su vida, su "sabiduría espiritual", la pureza de su mirada, la fuerza de su amor... son para nosotros estímulo para caminar con renovado vigor en el camino del Evangelio. Hay numerosas circunstancias y situaciones en nuestra sociedad en las que también nosotros estamos llamados a dar razón de nuestra fe, a defenderla con firmeza de la mentalidad del mundo. Si el temor nos asalta, si nos sentimos incapaces, el Evangelio nos asegura que dentro de nosotros habita el Espíritu Santo. Él nos dará la fuerza, la luz y el arrojo. Es importante que siempre tengamos presente esta fuente de fortaleza, a la cual accedemos mediante la oración. Ahí obtendremos la energía para ser verdaderos testigos del Evangelio.

Oración:

Señor Jesús, infunde en nuestros corazones -tantas veces llenos de miedo y temerosos- el ardor que empujó a tu diácono Esteban a sufrir el martirio con amor sereno, implorando el perdón para aquellos que le mataban. Haz que también nosotros, uniéndonos a ti, sepamos acoger las pruebas de la vida con ánimo fuerte y generoso, confiando siempre en la victoria del amor frente al odio y la violencia.

Propósito:

Hoy rezaré por todos aquellos que sufren pruebas y persecuciones por mantenerse fieles a Jesús.

Monday, December 25, 2006

Meditación: Nos ha nacido un niño

¿Quién no anhelará ser santo para estar más cerca de Dios?

Evangelio: Jn 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Este es de quien dije: ´El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo´". Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Meditación:

¿Qué es un niño, un bebé? La más débil de las creaturas. Pero, en su pequeñez, es una gran realidad. Dios mismo se ha entregado a los hombre como un bebé. "Sobre sus espaldas -había cantado Isaías- lleva el signo de su realeza". Él es Dios, el fuerte, pero se le ve pequeño, débil, envuelto en pañales, como todos los bebés nacidos de mujer. Más aún, ha nacido como el último entre los pobres, sin una casa, en una cueva de animales, y con un pesebre como cuna.

Desde su nacimiento, Jesús es signo de contradicción, que vuelve vanas las falsas certezas de los hombres, cada vez más inclinados a juzgar según criterios de poder, riqueza, fuerza. Sólo los pequeños, los pobres, los últimos, saben acoger este gran misterio.

"Andad y ved", dicen los ángeles a los pastores, y nos dicen hoy también a nosotros. Los pastores se ponen en camino. Caminemos nosotros también junto a ellos, con el corazón dispuesto a contemplar aquello que ha sucedido, y que el Señor nos ha comunicado. Exultemos de gloria, haciendo nuestros los sentimientos, los deseos, el estupor que todos los cristianos siempre han experimentado ante el inaudito misterio que los Padres de la Iglesia han traducido en palabras de sublime belleza: "¿Qué podré decir ante aquello que veo? Dios en la tierra, ¿y quién estará en el cielo? Dios viene a nosotros, nacido de una virgen. ¿Quién no anhelará ser santo para estar más cerca de Dios? Dios es cubierto por unos pobres pañales, ¿y quién no querrá hacerse rico de la divinidad de Dios, revestido de humildad? Quiero caminar a Belén para acoger a Dios y deseo llegar a la gruta celeste, y allí alzar la voz: ´Gloria a Dios en lo alto de los cielos, y paz a los hombres que él ama´" (Sofronio de Jerusalén).

Oración:

Señor Jesús, Hijo de Dios, Tú que por nuestro amor te has hecho pequeño y has habitado entre nosotros, convierte a ti nuestro corazón, haz que, acogiendo con renovado espíritu y gratitud esta "buena noticia", vivamos según el espíritu del Evangelio, no rechacemos nunca la debilidad y la pobreza, descubriendo en ella el signo de tu divina presencia.

Propósito:

Hoy me detendré en adoración delante del Niño Jesús, y confiando en su amor y compasión, pondré a sus pies toda la pobreza, física y espiritual, que aflige a la humanidad.

Sunday, December 24, 2006

Meditación: El amor de Cristo nos sostiene

Preguntémonos en este momento cuánto nos urge en nuestro corazón la caridad.

Evangelio: Lc 1,39-45
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -"¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".

Meditación:

El encuentro entre María y su prima Isabel hace posible también el primer encuentro entre el Mesías esperado y Juan Bautista, a quien Jesús mismo llamará como "el más grande entre los nacidos de mujer". Todo sucede en un clima de agradecimiento, de estupor, de gozo. Juan, que según las parábolas proféticas de Zacarías, será llamado profeta del Altísimo, porque anunciará al Señor y preparará sus caminos, reconociendo la presencia del Salvador, exulta de gozo en el seno de su madre, Isabel, llena del Espíritu Santo, se siente indigna de tal honor, y acoge con palabras de bendición a la Madre de su Señor, proclamándola bienaventurada. A sus palabras, María responde con el cántico del Magnificat, exulta en Dios, porque se ha dignado poner en ella su mirada.

La contemplación de la escena de la visitación no nos debe dejar indiferentes, simples espectadores ajenos a lo que sucede; nos lleva a interiorizar estos designios de Dios.

Preguntémonos en este momento cuánto nos urge en nuestro corazón la caridad. El Verbo, la palabra que todos los días escuchamos y acogemos, ¿se transforma en amor hacia el prójimo, hacia la humanidad? ¿Cómo acogemos a los demás? ¿Estamos siempre dispuestos a reconocer que ellos nos llevan al Señor? Si vivimos con fe, veremos en cuantos nos rodean la presencia misma del Señor, que viene a nuestro encuentro.

¿Cómo cantamos nuestro propio Magnificat? ¿Sabemos reconocer y acoger con gozo las visitas del Señor, y hacer de nuestra vida un canto de agradecimiento y un don para todos?

¿Qué más motivo queremos? Dios viene en medio de nosotros, se hace pequeño, débil y pobre como nosotros. Y Él es nuestra salvación y nuestra esperanza, el verdadero motivo de nuestra alegría. Si le sabemos acoger, sentiremos el deseo de comunicar y difundir a nuestro alrededor el gozo de este encuentro, sentiremos la exigencia de llevar en el corazón los deseos, angustias y esperanzas de toda la humanidad. En ese momento será para nosotros Navidad.

Oración:

Concédenos, Señor, saber reconocer y apreciar tus dones. Haz que, siguiendo el ejemplo de María, no nos reservemos nada para nosotros mismos, sino que empujados por el amor demos a los demás con generosidad cuanto Tú, en tu infinita bondad, nos has regalado.

Propósito:

Acogeré con corazón magnánimo y gozoso todo lo que me suceda hoy, reconociendo una visita del Señor en cada acontecimiento.

Mensaje de Adviento: Su nombre es Jesús

Domingo de la IV semana de Adviento

Evangelio: Mateo 1, 25
María dio a luz un hijo y le puso por nombre Jesús.

De nuestra espiritualidad:

Que su Navidad se parezca un poco más a aquella primera de Belén, donde reinaba más el silencio de la contemplación que el ruido de la calle, el calor del amor que la frivolidad del mundo. ¡Y es que Dios nos pide tan poco…, se conforma con unas sencillas briznas de paja en nuestro corazón!.

Propósito:

Dejaré que Jesús entre en mi corazón este día de manera especial.

Meditación: Se llamará Juan

Cada hombre que nace, cada persona que viene a este mundo, recibe una vocación concreta.

Evangelio: Lc 1, 57-66
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: -"¡No! Se va a llamar Juan". Le replicaron: -"Ninguno de tus parientes se llama así". Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: -"¿Qué va a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.

Meditación:

Isabel, estéril y avanzada en edad, da a luz un hijo. Desde su concepción, él lleva el sello de su pertenencia exclusiva a Dios. De Él ha recibido un nombre, y nadie lo puede cambiar. Es un nombre que designa su vocación específica. Juan es para Cristo, tiene una misión concreta, relacionada con El.

"¿Qué será de este niño?", se pregunta la gente sencilla, capaz de maravillarse ante los milagros de la vida.

Cada hombre que nace es un misterio, ¿Qué hará? Es necesario esperar con respeto y con humildad para poder ver en qué se transforma cada hombre. Hasta la muerte, siempre hay espacio para sorprendernos de esa novedad de vida. Podemos suponer que conocemos ya todo de una persona, porque una parte de ella permanece escondida a nuestros ojos, y sólo la podemos contemplar en Dios. Cada hombre que nace, cada persona que viene a este mundo, recibe una vocación concreta, es llamado a convertirse en signo de Dios en el mundo, a anunciar su bondad y misericordia.

Creer de verdad esta individualidad de la persona, este plan individual de Dios para cada uno, significa encontrar la fuerza de acoger la divina llamada que nos empuja a salir de nosotros mismos, a no quedarnos en nuestro estrecho espacio, en nuestra lógica humana, sino a aventurarnos por los caminos desconocidos de Dios, en los cuales se camina de estupor en estupor, se corre hacia la luz, el gozo, la paz.

Oración:

Haznos capaces, Señor, de reconocer en nuestra vida las visitas de la gracia y la misericordia. Haz que, llenos de tu Espíritu Santo, respondamos con generosidad a tu llamada personal y llevemos fielmente a cumplimiento la misión que tú nos has confiado, y que nos vas revelando día a día.

Propósito:

En la oración y en la adoración silenciosa buscaré ver las exigencias de mi vocación individual, concreción de mi vocación como bautizado.

Mensaje de Adviento: Juan es su nombre

Sábado de la III semana de Adviento

Evangelio: Lucas 1, 62-64
Le preguntaron por señas a Zacarías cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Todos quedaron extrañados. En ese momento, a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

De nuestra espiritualidad:

Y el amor comienza por la propia familia, porque el mejor regalo que podemos hacer a nuestros familiares, antes que cosas materiales, es nuestro tiempo, es el perdón de los roces y ofensas que se hayan dado entre nosotros, es el disfrutar juntos esos momentos de convivencia.

Propósito:

Leer en familia el nacimiento de Jesús en el Evangelio de S. Lucas 2, 1-20

Friday, December 22, 2006

Meditación: Dios mira la humildad

Ser cristianos significa llevar en el corazón esta semilla de bien, de la cual el Señor hará brotar fruto abundante.

Evangelio: Lc 1, 46-56
En aquel tiempo, María dijo: -"Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre". María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Meditación:

Ana sube al templo para dar gracias a Dios por el don de su maternidad tan ardientemente anhelada. Siglos después, su canto resonará tras las alabanzas de María en el Magnificat.

Exultando en el espíritu por la bondad del Señor, la Virgen declara que el omnipotente ha hecho en Ella, humilde sierva, cosas grandes y maravillosas. Y no sólo ha cumplido maravillas en Ella, sino que ha obrado maravillas de tal modo que la ha trasformado en el templo de su gloria, le ha dado la capacidad de acoger a aquel que es el santo. En la oración del padrenuestro, Jesús nos enseñará a dirigir a Dios esta petición: "Sea santificado tu nombre". Quiere que pidamos que su nombre, su presencia, habite entre nosotros y nos santifique de tal modo que su santidad resplandezca a través de nosotros.

La Iglesia -la comunidad de los creyentes- debe sentirse llamada a testimoniar el más grande amor, a ofrecer su misma vida para que todos podamos conocer el gozo de ser salvados. Son éstas las grandes cosas de que habla María. Ser cristianos significa llevar en el corazón esta semilla de bien, de la cual el Señor hará brotar fruto abundante. Él quiere que las obras de su amor misericordioso se difundan hasta los confines de la tierra, a través del humilde camino del testimonio hecho santidad de vida en sus cristianos.

Hemos de guardar nuestro corazón puro para saber contemplar siempre la grandeza de las obras de Dios. Estas obras nos superan infinitamente y nos llaman a salir de nuestros pensamientos, de nuestros planes humanos, para entrar con humildad, confianza y abandono en los planes de Dios.

Oración:

Haz, Señor, que nuestro corazón sea humilde y pobre, capaz de descubrir que todo don procede de ti, y a ti se vuelve con abandono y confianza. Dame ojos limpios para reconocer las maravillas que tu siempre obras para nuestra salvación. Que proclame cada día con gozo la fidelidad de tu amor.

Propósito:

Diré siempre gracias a mis hermanos y compañeros por cada gesto de bondad que tengan hacia mí, y acogeré con gratitud todas las circunstancias de la vida, agradeciéndoselas de corazón al Señor.

Mensaje de Adviento: Mi espíritu se llena de júblio

Viernes de la III semana de Adviento

Evangelio: Lucas 1, 46-48
Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júblio en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones.

De nuestra espiritualidad:

En muchos países de América existen las “posadas”, que recuerdan a José y María buscando alojamiento en Belén. Son comunes a muchas regiones las representaciones teatrales o “pastorelas”, que tanto ayudan a imprimir en la imaginación de los niños los sucesos de aquella noche de Navidad.

Propósito:

Saludaré con amabilidad a toda persona que me encuentre.

Thursday, December 21, 2006

Noticias del día 2006-12-21


Meditación: Dichosa Tú que has creído

No hay respuesta a la pregunta de quien recibe la visita del Señor. Él es puro don, gratuidad.

Evangelio: Lc 1, 39-45
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -"¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".

Meditación:

Después de recibir el anuncio del nacimiento del Mesías, María habría podido dedicarse a disfrutar y autocomplacerse por el papel que iba a jugar en la historia de la salvación; es lo propio de la mentalidad mundana. Sin embargo, se acerca con solicitud a la casa de la anciana Isabel, su prima, que ha creído en la palabra de Dios y se encuentra encinta. Siente la urgencia de entregar a los demás a ese Hijo que lleva en su seno.

"¿A qué se debe que la madre de mi Señor venga a mí?". Las palabras de Isabel recuerdan aquellas que el rey David, en el momento en el que el arca de la alianza era trasladado al del territorio de los filisteos a Jerusalén, proclama; "¡A qué se debe que el arca del Señor venga a mí?". No hay respuesta a la pregunta de quien recibe la visita del Señor. Él es puro don, gratuidad. ¿Como no externamos también nosotros el deseo de abrir nuestro corazón al Señor, que está a la puerta y llama?

"Confieso -escribe san Bernardo- que el Verbo ha venido también a mí. ¿Por dónde ha entrado? Quizás ni siquiera ha entrado, porque no ha venido de fuera. ¿No ha venido acaso de dentro de mí, del fondo de mi ser, Él que es bueno y sabe que en mí no hay nada bueno? Ha ascendido en mi espíritu, y el Verbo estaba todavía más arriba. Conocí qué verdadero es aquello que había leído: ´en Él vivimos, nos movemos y existimos´". Dichoso aquel que, como María, vive de aquella fe que le permite al Señor cumplir la maravilla de su amor.

Oración:

Señor Jesús, hazme capaz de transmitir el gozo de haberte encontrado. Ayúdame a reconocerte en las acciones de la gracia que siempre obras, y de llenarme de estupor y agradecimiento ante ti, que vienes a nosotros.

Propósito:

Hoy recordaré con gozo y gratitud las visitas del Señor a mi vida y le daré gracias por todos sus beneficios.

Mensaje de Adviento: ¿Quién soy yo para que vengas a verme?

Jueves de la III semana de Adviento

Evangelio: Lucas 1, 42-43
¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?

De nuestra espiritualidad:

Muchas familias tienen la tradición de reunirse antes o después de la cena de Nochebuena, o el día de Navidad, para recogerse en oración unos minutos en torno al belén. Allí, un miembro de la familia, por lo general el más pequeño, coloca en el pesebre la imagen del Niño Jesús, en medio de la alegría de todos.

Propósito:

Rezaré un misterio del rosario por los niños de la calle y daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.

Noticias del día 2006-12-20

Wednesday, December 20, 2006

Meditación: Salve, llena de gracia

Antes del anuncio, el mundo entero estaba esperando, después, palpita en él una nueva vida.

Evangelio: Lc 1, 26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -"Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -"No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". Y María dijo al ángel: -"¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?". El ángel le contestó: -"El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible". María contestó: -"Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y la dejó el ángel.

Meditación:

En el episodio de la anunciación todo es sencillo. Es como una instantánea. Un ángel y una virgen, un saludo y una respuesta, un momento de temor y una palabra de aliento, un don ofrecido y un don acogido, don gratitud y gozo. Antes del anuncio, el mundo entero estaba esperando, después, palpita en él una nueva vida.

El sonido de la campana por la mañana, a medio día y por la tarde nos recuerda en algunos sitios aquel momento en el que "el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros", y nos hace comprender cada vez mejor que el misterio de la anunciación es un hecho sin límites de espacio y tiempo. Nazaret es cada ciudad, cada país, cada casa. Nazaret es cada alma. El sí de María es la nota purísima que da armonía entre el cielo y la tierra, entre las creaturas y el creador.

Ningún hombre puede permanecer indiferente, porque cada hombre estaba presente en María cuando ella ofreció su humanidad al Verbo. Con el misterio de la encarnación empieza para cada uno de nosotros una extraordinaria aventura de gracia, porque cada día los ángeles -que pueden ser las diversas circunstancias de la vida, las personas que nos encontramos, con quien vivimos o trabajamos- nos ponen continuamente delante de la disyuntiva de elegir entre Dios y nosotros mismos, entre nosotros y el bien del prójimo, entre el bien de todos y nuestros intereses egoístas.

Sólo la fe promete cumplir aquel salto cualitativo que nos permite elegir, con confianza y abandono, la voluntad de Dios antes que la nuestra, con la certeza de que Él nos conoce y nos ama más de lo que nos amamos a nosotros mismos.

Oración:

Virgen María, Madre del Salvador, Tú que has sabido acoger el anuncio del ángel con un corazón dispuesto a obedecer y a servir al omnipotente, por tu intercesión, haz que también en nosotros el Verbo se haga carne gracias a nuestro sí renovado todos los días.

Propósito:

Acompañaré mi trabajo, mi servicio a los demás, repitiendo en mi corazón, con fe y amor, las palabras de María: "Aquí está la esclava del Señor".

Mensaje de Adviento: El poder de Dios

Miércoles de la III semana de Adviento

Evangelio: Lucas 1, 35
El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a de nacer de ti, será llamado Hijo de Dios.

De nuestra espiritualidad:

¡Qué maravillosa oportunidad les ofrece el nacimiento a los padres de familia para enseñar a sus hijos el amor que Dios nos tiene al hacerse hombre por nosotros! Todos estos preparativos de la Navidad sirven también para crear una alegre atmósfera espiritual.

Propósito:

Sorprenderé a alguien con un pequeño regalito, detalle que le recuerde que la Navidad es tiempo de acercarse a Dios.

Tuesday, December 19, 2006

Meditación: Serás muy dichoso

Dios elige lugares y tiempos precisos para actuar en la historia humana.

Evangelio: Lc 1, 5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: -"No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto". Zacarías replicó al ángel: -"¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada". El ángel le contestó: -"Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento". El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: -"Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres".

Meditación:

Zacarías e Isabel. Dos ancianos pertenecientes a la tribu de Leví, la tribu de los sacerdotes, eran justos y observantes de la ley. Viven bajo el peso de la humillación (así eran consideradas las parejas estériles entre los judíos), y parecen resignados a no poder cooperar en la venida del esperado Mesías. Pero, inesperadamente para ellos, su vida se transforma gracias a una intervención extraordinaria de Dios, que supera todas sus expectativas. Dios elige lugares y tiempos precisos para actuar en la historia humana.

Zacarías entra en el templo para ofrecer el incienso; fuera, el pueblo espera en oración. Toda la esperanza de Israel está concentrada allí. Y un ángel del Señor se acerca a Zacarías: "Tu oración ha sido escuchada...". Para un hombre como él, probado en la vida, no es fácil creer en las cosas hermosas y bellas. No sabe exultar de gozo, dejarse impresionar por la admiración y el estupor, y le aprisiona el miedo de ser engañado o ser víctima de una sugestión. Pide un signo. La respuesta es inmediata: "No podrás hablar...".

Por no creer en la palabra de Dios, Zacarías permanecerá sin habla, será como un desierto arrasado por el viento del escepticismo. Pero será sólo una etapa purificadora. La palabra de Dios se realizará igualmente, y le envuelve, como a cada uno de nosotros, aunque en ocasiones nos resistamos.

¿No nos sentimos a veces envueltos en los acontecimientos, en hechos de salvación? ¿No me encuentro a veces yo también mudo, para acoger con fe los eventos de mi vida y descubrir en ellos los signos de la gracia de Dios?

Oración:

Padre santo, renueva nuestro espíritu cansado con la abundancia de tus dones, de tus gracias. Llena nuestro corazón de gozo y esperanza, para que podamos dar testimonio ante nuestros hermanos del gozo de ser hijos de Dios, de la dulzura de tenerte a ti como Padre, de hacer de nuestra vida un canto de agradecimiento, como María y con Ella.

Propósito:

En estos días previos a la Navidad, cuidaré con mayor atención el clima interior de recogimiento y silencio, rezando y meditando en tu palabra.

Mensaje de Adviento: Volver los corazones

Martes de la III semana de Adviento

Evangelio: Lucas 1, 17
Irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo.

De nuestra espiritualidad:

Es muy recomendable hacer del nacimiento el centro de los preparativos y de la vivencia externa de la Navidad. Su preparación puede convertirse en un momento en el que participe toda la familia.

Propósito:

En lugar de ver la televisión, hoy ayudaré en la casa en lo que se necesite.

Meditación: Se llamará Jesús

La voluntad de Dios se cumple a través de la obediencia fiel de un hombre sencillo

Evangelio: Mt 1, 18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: –«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios con nosotros"». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Meditación:

José, el varón justo, se despierta del sueño y lleva a María a su casa, dispuesto a dar al niño que nacerá el nombre de Jesús. La voluntad de Dios se cumple a través de la obediencia fiel de un hombre sencillo, que ante la revelación del designio de Dios, humanamente desconcertante, sabe renunciar a sus propios deseos y se hace siervo de la palabra en silencio, humildad, contemplación y estupor. José es el hombre justo humilde y generoso. En la base de todas estas virtudes se encuentra la fe.

José es el siervo del Señor, como María es su sierva. Estas dos creaturas, siervas de Dios, han sido elegidas como padres de aquel que es el siervo de Dios por excelencia, Jesús, que ha venido al mundo para servir a la humanidad. José es un modelo incomparable de aquel silencio que no exige explicaciones, porque nace del amor. Por amor, elige siempre el último lugar, dispuesto a cualquier sacrificio por ser fiel al plan de Dios.

Querer ser excepcionales, sublimes, no es signo de autenticidad: si nos damos cuenta de que en nosotros hay deseos de heroísmo externo, debemos preguntarnos sobre las intenciones que nos mueven, nuestra propia gloria o la de Dios. Heroico y meritorio, delante de Dios, es el servicio humilde, diario, a nuestros hermanos los hombres. Ese heroísmo sí agrada al Señor.

Oración:

Padre bueno, dame un espíritu manso y humilde para saber acoger en cada momento tu santa voluntad. Vence todas mis resistencias y miedos, y hazme dócil instrumento de tu admirable designio de salvación, para gloria tuya y para bien de mis hermanos.

Propósito:

Afrontaré los trabajos de este día con fe, repitiendo las palabras del salmista: "Grandes son tus obras. Haz hecho todo con sabiduría".

Mensaje de Adviento: Salvará a su pueblo

Lunes de la III semana de Adviento

Evangelio: Mateo 1, 20-21
José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

De nuestra espiritualidad:

Decir "Feliz Navidad" es desear a los demás que hagan esta experiencia del amor de Dios, de manera que Cristo sea para ellos su razón de ser, su seguridad, su felicidad.

Propósito:

Buscaré a algún vecino que sé no recibirá nada esta Navidad y lo iré a visitar para hacerle pasar un rato agradable.

Sunday, December 17, 2006

Wallpapers de Navidad



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Meditación: ¿Qué debo hacer?

Nosotros, ¿qué debemos hacer para testimoniar nuestra fe?

Evangelio: Lc 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente, preguntaba a Juan: "¿Entonces, qué hacemos?". Él contestó: -"El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo". Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: "Maestro, ¿qué hacemos nosotros?". Él les contestó: "No exijáis más de lo establecido". Unos militares le preguntaron: -"¿Qué hacemos nosotros?". Él les contestó: -"No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga". El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: -"Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu, Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga". Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y les anunciaba el Evangelio.

Meditación:

Con espíritu de contemplación, queremos hoy detenernos en dos expresiones del evangelio, que recuerdan los usos y costumbres de la vida y la cultura judía. Su significado nos puede ayudar a penetrar mejor en este evangelio. Juan Bautista dice; "Viene uno que es más fuerte que yo, a quien no soy digno ni siquiera de desatarle las correas de las sandalias". Para los antiguos, desatar las correas de las sandalias era una tarea propia de los esclavos. El Bautista, en su relación con Jesús, se declara como indigno ofrecerle ese servicio, es decir, menos que su esclavo. De esa gran distancia entre Señor y esclavo, Juan Bautista toma pie para reclamar la necesaria conversión.

Segunda imagen; el grano de trigo, que venía amontonado en la era, y después aventado al viento, de modo que se separase la paja del trigo. Es un reclamo al juicio universal. Juan Bautista no quiere infundir miedo en sus oyentes, aunque sí pretende suscitar el deseo de una auténtica conversión. Lo entiende bien la muchedumbre congregada en la rivera del Jordán, que le pregunta: ¿Qué debemos hacer? La misma pregunta será dirigida años más tarde a Jesús, durante el discurso del pan eucarístico. Juan Bautista responderá: haced las obras de conversión, de fe.

Nosotros, ¿qué debemos hacer para testimoniar nuestra fe? Ofrecer el testimonio de la alegría. Si vivimos alegres siempre y en todo lugar, el mundo podrá creer que el Evangelio es realmente la "buena noticia".

Oración:

Señor Jesús, Tú vienes a nosotros escondiendo tu gran divinidad bajo el velo de nuestra pobre condición humana.. Haz que nos acerquemos a ti con el sincero deseo de revestirnos de tu santidad, que es humildad y amor.

Propósito:

Antes de la Navidad me acercaré con humildad y fe al sacramento de la penitencia, preparado por una lectura atenta de la liturgia de este día.

Mensaje de Adviento: El Adviento también es generosidad

Domingo de la III semana de Adviento

Evangelio: Lucas 3, 10
La gente le preguntaba a Juan el Bautista: "¿Qué debemos hacer?". Él contestó: "Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo".

De nuestra espiritualidad:

Hay familias que tienen muy claro que la Navidad es tiempo de compartir y así quieren enseñárselo a sus hijos. Muchas tienen la costumbre de irse un día toda la familia a los asilos de ancianos, a los orfanatos, o con la gente de escasos recursos, para cantarles, llevarles la alegría de la Navidad, ofrecerles un consuelo espiritual y algún regalito. Son maneras de vivir en familia la caridad y generosidad propias del espíritu navideño.

Propósito:

Ofreceré un sacrificio por los sacerdotes y rezaré por el Papa.

El Árbol de Navidad Llega al Vaticano


El árbol de Navidad del Papa Benedicto XVI, el mas grande hasta la fecha en adornar el Vaticano ha sido colocado en su posición final en la Plaza de San Pedro, después de que el mal clima y otros problemas retrasaron su arribó por mas de una semana. "Esta mañana vi un árbol desde mi ventana" es lo que el Papa Benedicto XVI dijo a las miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro por la audiencia publica de los Miércoles. El árbol mide 33 metros y fue traído del Parque Nacional de Sila, en Calabria, al sur de Italia, que llego durante la noche del Martes. La tradición de colocar un árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro fue iniciada por el Papa Juan Pablo II en 1982. De acuerdo con las estadísticas del Vaticano durante los 24 años desde que inicio esta tradición los árboles han sido traídos de diferentes partes de países Europeos o de regiones de Italia.

Foto de Timothy Winters

Saturday, December 16, 2006

Meditación: Prepararse para el encuentro con el Señor

Prepararse para la Navidad significa disponerse a caminar hacia el calvario.

Evangelio: Mt 17, 10-13
Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: –«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?». Él les contestó: –«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos». Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista.

Meditación:

La grandeza de los verdaderos profetas está en la humildad que demuestran cumpliendo, en nombre de Dios, sus mandatos. Juan Bautista reconoce que su dignidad consiste en ser voz del que precede, e indica quién es el Mesías, voz del que clama, para invitar a la conversión del corazón. Ahí es donde debemos preparar el nacimiento de Jesús.

Aquella voz que grita en el desierto hoy nos interpela a nosotros. No podemos eludir la necesidad de una radical conversión si queremos estar preparados para acoger al Señor. El riesgo de conformarnos con una preparación superflua, exterior, es grande. Un día Jesús dijo a los fariseos: "En verdad os digo, los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de Dios" (Mc 21, 31). Palabras duras, que nos deben hacer pensar.

Prepararse para la Navidad significa disponerse a caminar hacia el calvario. Los discípulos tenían todavía los ojos fijos en la luz resplandeciente del rostro de Jesús transfigurado y glorioso. ¿Cómo podían aceptar una perspectiva de humillación, de sufrimiento, de muerte? Su esperanza estaba orientada hacia un Mesías triunfalista, según los criterios humanos.

Y nosotros, ¿cómo reaccionamos cuando nos encontramos delante de la cruz? ¿Somos capaces de no avergonzarnos del Evangelio? ¿Vencemos ese instintivo miedo y repulsa para escuchar la voz humilde y dulce de Jesús, que nos sigue diciendo: "Venid a mí... Cargad sobre vosotros mi yugo y hallaréis descanso para vuestras almas"?

Oración:

Señor Jesús, que vienes para salvarnos; haz que nos dispongamos a acogerte con sinceridad de corazón. Correspondo a tu humillación y abajamiento con mi decisión firme de convertirme, a tus humillaciones con mi auténtico deseo de humildad y de servicio para seguirte fielmente desde Belén al calvario y a la resurrección.

Propósito:

En este día aceptaré cada circunstancia, incluso la más ordinaria, a la luz de la palabra de Dios, recordando el salmo: "Tu palabra, Señor, ilumina, da sabiduría al humilde de corazón".

Mensaje de Adviento: Vino, pero no lo reconocieron

Sábado de la II semana de Adviento

Evangelio: Mateo 17, 12
Yo les aseguro a ustedes que Elías ha venido ya, pero no lo reconocieron e hicieron con él cuanto les vino en gana. Del mismo modo, el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.

De nuestra espiritualidad:

La finalidad del Adviento es acrecentar en nosotros el deseo de Cristo, esperándolo con la ilusión con la que se aguarda a la persona más querida.

Propósito:

Contribuiré hoy para que una persona pobre pueda comer bien en este día.

Friday, December 15, 2006

Navidad en La Taraumara: Un grito para ver a Cristo en los pobres


GUACHOCHI, jueves, 14 diciembre 2006 (ZENIT.org-El Observador).- Mediante un vibrante mensaje de Navidad, el obispo de Tarahumara, Rafael Sandoval Sandoval, ha recordado a los católicos dónde vive hoy y quién es Cristo-pobre en México.

La región de la Tarahumara se encuentra en los altos de la sierra de Chihuahua, estado norteño de México, y los habitantes de esta etnia enfrentan las condiciones de pobreza más agudas del país; con temperaturas que en invierno suelen llegar a los 20 grados centígrados bajo cero, los indígenas tarahumaras viven en niveles de mera subsistencia.

Video: Recordando al P. Carlos Mora Reyes, L.C.

Navidad polaca


Perdonar es una de las mejores formas que tenemos para prepararnos a la Navidad. El autor nos ofrece algunas reflexiones y cinco pautas para el perdón de cara a la cercana Navidad.

De todas las tradiciones navideñas que conozco hay una que se lleva las palmas. Se trata de la tradición polaca del Opłatek (que en castellano se pronuncia opoatek y significa oblea). El Opłatek es una lámina rectangular de pan del tamaño de un carné que se regalan unos a otros en Navidad. Su función: reconciliar a la gente.

Los polacos saben que el día de Navidad hay que llevar en el bolsillo un par de ellas por si se encuentran con algún amigo o conocido. Cuando dos polacos comen un Opłatek juntos significa que se perdonan de todo lo malo que se pudieron haber hecho el uno al otro. De esta forma la Navidad polaca tiene un auténtico sello cristiano, muy ad hoc con los gustos de nuestro festejado.

Perdonar no significa olvidar lo pasado, sino recordar sin dolor. Porque no funcionamos como las computadoras que con un simple “delete” mandan la información a la papelera. Nosotros no podemos hacer eso, pero podemos purificarnos del rencor. El rencor es como el agua estancada que si no se purifica se pudre y huele mal. Así también le sucede a nuestra alma con los odios no filtrados que tienden a dar un sabor amargo al agua de nuestra vida.

En el arte de perdonar nos aventajan los niños. Para ellos un “¡perdóname!” bien dicho, basta y sobra para borrar una pelotera. Como decía Cabodevilla “los niños no son sensibles a esos vanos temores que la soberbia engendra”. Lo malo es que entre más crecemos y más “importantes” nos volvemos, nos habituamos a ser tercos y remolones para perdonar. No por nada decía el festejado de la Navidad que quien fuera como un niño entraría en el reino de los cielos. Además, ¿quién negará que los que mejor disfrutan la Navidad no sean precisamente ellos?

Pero perdonar es difícil. Siempre es duro agachar la cabeza ante quien te ha bofeteado. La humildad no está de moda porque se le suele confundir con la cobardía. Pero, ¿no es más valiente el hombre que perdona de frente que aquel que huye por la vida atesorando su rencor? A todo esto nos vuelve a sentar bien aquello de no tomarnos a nosotros mismos demasiado en serio. Sabernos dar – de vez en cuando – un buen puntapié en la espinilla. Por eso quiero compartir contigo cinco consejos para perdonar:

1. Perdona antes de que lo pidan. Esto te ahorra el esfuerzo de enojarte y luego tener que contentarte de nuevo, economiza tiempo y bilis.

2. Piensa siempre bien de los que te ofenden. No es verdad el viejo refrán de “piensa mal y acertarás”, mejor ten por cierto aquel otro de “caras vemos; corazones, no sabemos”. Verás cómo, la mayoría de las veces, atinarás.

3. Sal al encuentro del que te ha ofendido. Esto es ya el 50% de una reconciliación.

4. No le des vueltas. Lo perdonado, perdonado está. Sólo los burros son capaces de darle vueltas a una noria seca.

5. Ten especial atención con los que te ofendieron. Hazles ver con detalles y bondad que los has perdonado de corazón.

Hay mucha gente que se prepara para Navidad con antelación: adornos, fiestas, lucecillas, tartas y turrones. Todo eso esta muy bien, pero no hay mejor forma de disponerte a vivir una auténtica Navidad que engalanar tu alma con el perdón.

En 1981 un polaco visitó la cárcel romana para perdonar al hombre que había atentado contra su vida. Las dos balas que perforaron su cuerpo pasaron a milímetros de arrancarle el aliento. Sin embargo, estuvieron lejos de arrancarle el candor de su corazón dispuesto siempre a perdonar. En esa ocasión, Karol, nuestro querido Juan Pablo II, supo partir un Opłatek también con Alí Agkha.

¡Vence el mal con el bien!

Autor: Ricardo Esponda Sada

Meditación: Entrar en el juego de Dios

Como cristianos, debemos transmitir la enseñanza cristiana del amor mutuo.

Evangelio: Mt 11, 16-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado". Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio". Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores". Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios».

Meditación:

La parábola de los niños "caprichosos" nos muestra una enfermedad espiritual, tanto más grave cuanto es difícil de reconocer; la pereza, la indiferencia que nos impide abrirnos a la novedad de Dios.

Cerrados en nosotros mismos, demasiado ocupados en defender nuestros propios intereses, no llegamos ni siquiera a acoger tantos gestos de amor que nos ofrece Dios y los demás. Nos hacemos tan insensibles a toda llamada a compartir los sentimientos de cuantos nos rodean. La cortesía, la buena educación, cualquier gesto de atención para con los demás... lo cumplimos si no nos molesta mucho.

Como cristianos, debemos transmitir la enseñanza cristiana del amor mutuo. Encarnándose, el hijo de Dios se ha metido de tal manera en la condición humana, en nuestra realidad, que se ha hecho uno de nosotros, y nos ha llamado a la felicidad eterna en el reino de los cielos. Desde que Él se ha hecho hombre, la verdadera vida consiste en entrar en comunión con nuestro prójimo, en el cual encontramos a Dios mismo. Al acercarse la Navidad, esta parábola nos invita a preguntarnos si estamos dispuestos a renunciar con Cristo que nace al gran juego del amor, o si reduciremos esta Navidad a folklore, para no ser demasiado molestados en nuestro corazón y en nuestra comodidad.

Oración:

Ven, Señor Jesús, a liberarnos de nuestro egoísmo. El misterio de tu nacimiento, la dulzura de tu infancia nos llene de alegría el corazón, nos infunda un santo gozo, nos haga capaces de alabar a Dios y darle gracias por el don de la vida. El misterio de tu pasión -porque has nacido para compartir nuestra vida y nuestra muerte- nos haga sensibles a los sufrimientos de nuestros hermanos. Ven, Señor Jesús, y haznos generosos cooperadores de tu obra de salvación.

Propósito:

Frente a cada situación, hoy me preguntaré con qué espíritu debo vivirla para no estropear "el juego de Dios". Tendré presente que la verdadera caridad es hacerse débil con los débiles, para ganar a los débiles. Hacerse todo a todos para salvar a toda costa a algunos (cf. 1Co 9, 23).

Mensaje de Adviento: La sabiduría de Dios

Viernes de la II semana de Adviento

Evangelio: Mateo 11, 19
Viene el Hijo del hombre, y dicen: "Este es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir". Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras.

De nuestra espiritualidad:

La Navidad nos enseña a responder a este don de amor haciéndonos don para los demás, poniéndonos a disposición de todos, como Dios hizo con nosotros en el Niño de Belén. Él nos enseña a vivir para servir, no para ser servidos (cf. Mt 20, 28), a ejemplo suyo.

Propósito:

Imitaré a Jesús en su perdón cuando alguien me moleste.

Thursday, December 14, 2006

Meditación: El que tenga oídos, que entienda

También nosotros sufrimos a veces la fascinación de los vestidos de lujo, de aquello que nos hace superiores a los demás...

Evangelio: Mt 11, 11- 15
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche».

Meditación:

Una vez más, en esa página evangélica resuena el tema de la humildad y la sencillez. Mientras estamos esperando a aquel que se esconde, que se hace pequeño e indefenso para tocar al hombre en su fragilidad, somos trasladados al corazón de la obra salvífica de Jesús. El reino de Dios, anunciado con poder por los antiguos profetas, se presenta distinto. Jesús dirá que es semejante a un grano de mostaza, a un puñado de levadura... Precisamente porque es tan distinto de lo que los hombres esperamos, surge la discusión, "provoca violencia" a nuestra mentalidad, nos obliga a convertirnos, suscita el odio de aquellos que no quieren reconocerlo.

No es la grandeza, la riqueza y otras cualidades externas lo que hace a los hombres idóneos para el reino de los cielos, sino sólo la humildad y la santidad. Juan Bautista es un claro ejemplo. Su vestido: una túnica de piel de camello; su alimento: miel silvestre. Vive en el desierto, separado de la sociedad de su tiempo, invitando a la conversión. Muere por dar ejemplo de la verdad.

También nosotros sufrimos a veces la fascinación de los vestidos de lujo, de aquello que nos hace superiores a los demás. En el fondo, aquí se esconde la necesidad, nunca confesada, de autoafirmarnos en las cosas materiales, de ser acogidos y queridos por los hombres. Buscamos el camino más fácil, pero el camino es sólo Jesús, sólo el amor, porque amando descubrimos que podemos amar sólo porque Dios nos ha amado antes, nos ha amado hasta tal punto que ha entregado a su Hijo y se ha hecho pequeño y humilde por redimirnos y llevarnos a la plenitud de la felicidad.

Oración:

Señor Jesús, forma en mí, con la fuerza de tu Espíritu, un corazón que te escuche y se deje guiar dócilmente por tu palabra en mis pensamientos, sentimientos y acciones. Si Tú quieres pedirme algo más, dame la gracia de responderte con generosidad y vivir con fe en la hora de la prueba.

Propósito:

En este día haré un buen examen de conciencia para ver, a la luz del Evangelio, en qué cosas debo despojarme para ser más de Cristo.

Mensaje de Adviento: El más grande y el más pequeño

Jueves de la II semana de Adviento

Evangelio: Mateo 11, 11
Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él.

De nuestra espiritualidad:

Desde que Cristo se ha hecho hombre, no hay un ser humano cuya vida, por más desgraciada y dolorosa que pueda parecer, no tenga un valor infinito a los ojos de Dios.

Propósito:

Ofreceré mis actividades del día por los niños que no tienen papás ni casa.

Meditación: Vengan a mí

De Él, y sólo de Él, brotará en nosotros la fuente de la caridad que curará nuestro cansancio.

Evangelio: Mt 11, 28-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús: -"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Meditación:

Son tantos los yugos que nos esclavizan y nos impiden ver la belleza del cielo, de la creación, de la vida. Esta es, se podría decir, la condición normal de la mayor parte de los hombres de hoy, incluso de los jóvenes. Hay yugos que nos empujan hacia la satisfacción hedonista de nuestros deseos carnales, volviéndonos esclavos del placer y del lujo, para arrojarnos después, postrados y llenos de aburrimiento y de cansancio mortal. Hay yugos impuestos por nuestro orgullo, yugos que buscan usar todas nuestras energías para acumular privilegios, sin jamás permitirnos disfrutar de la vida, del trabajo, de la comunión fraterna, de las cosas sencillas y buenas.

Pero también hay santos yugos, derivados de las exigencias del amor a nuestro prójimo, del servicio a los necesitados. El amor no es nunca una obra meramente humana. Amar en ocasiones no es fácil; si confiamos sólo en nosotros mismos corremos el riesgo de desanimarnos y nos acechará la tentación de ceder a la lógica de la indiferencia. Es el momento de gritar nuestro dolor al Señor, de hacerle presente nuestra incapacidad, nuestro cansancio espiritual, nuestra debilidad. Él siempre escucha el grito del pobre. De Él, y sólo de Él, brotará en nosotros la fuente de la caridad que curará nuestro cansancio y nos dará la energía para empezar, cada día, la aventura del amor a los demás. Como escribía el Santo padre Juan Pablo II en la encíclica Salvifici doloris: Cristo obra desde el interior mismo del sufrimiento humano con el poder de su espíritu de verdad, el Espíritu Consolador (n. 26).

Oración:

Señor Jesús, manso y humilde de corazón, mira esa pesada cruz, esa cruz a veces escondida en mi corazón, que tanto pesa para muchos hombres de este mundo. Haznos escuchar cada día tu voz que nos llama a seguirte en la decisión diaria de aprender de ti, de poner en tus brazos esa pesada cruz y caminar junto a ti.

Propósito:

Durante este día repetiré con frecuencia la jaculatoria: "Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo".

Mensaje de Adviento: Manso y humilde de corazón

Miércoles de la II semana de Adviento

Evangelio: Mateo 11, 29-30
Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera.

De nuestra espiritualidad:

En la Navidad descubrimos que Dios vela por nosotros, que está cerca de nosotros, que nos ama personalmente, sin condiciones. Somos sus hijos.

Propósito:

Hoy realizaré un acto de caridad oculta con mi familia.

Tuesday, December 12, 2006

Meditación: ¿Qué os pareace?

Es, o debe ser, normal para un cristiano estar dispuesto a cualquier sacrificio con tal de buscar a una oveja perdida.

Evangelio: Mt 18, 12-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños».

Meditación:

La parábola del evangelio de Mateo empieza con una pregunta, una invitación a tomar una decisión personal: ¿Qué os parece? Es una pregunta que para Jesús -y por tanto para cada cristiano- no debe quedar sin respuesta. Es, o debe ser, normal para un cristiano estar dispuesto a cualquier sacrificio con tal de buscar a una oveja perdida, es decir, con tal de salvar la propia vida y la de cuantos le rodean.

Leyendo esta página, todos nos reconocemos fácilmente en la oveja descarriada, porque muchas veces hemos experimentado nuestra fragilidad, nuestros fallos y pecados, nuestras rebeldías que nos han alejado. Somos, es verdad, ovejas descarriadas, pero no perdidas. El Señor nos ama de tal modo que viene a buscarnos, nos coge sobre sus hombros y nos lleva de nuevo al redil. Su palabra, los hermanos más maduros en la fe, las mismas situaciones de la vida diaria, pueden llegar a ser para nosotros la ayuda concreta que Él nos ofrece para regresar al camino de la vida.

Debemos preguntarnos si también nosotros estamos dispuestos a encontrar este camino de salvación, o si más bien preferimos permanece enfrascados en nuestro pecado, en nuestra incredulidad, prisioneros de nuestra pereza, del miedo a que el Evangelio nos pida demasiado.

Pero hay también una segunda pregunta que nos debemos hacer. En una sociedad como la nuestra, en la que la vida es despreciada de tantos modos, desde el inicio de la vida hasta su término natural, ¿tenemos el coraje de enfrentarnos a los lobos rapaces que amenazan al rebaño? ¿Estamos dispuestos a acoger a los más débiles, a los abandonados, y mostrarles el camino de la verdad? El buen pastor no se limita sólo a buscar a cargar a la oveja perdida sobre las espaldas, sino que también la conduce al redil, la ayuda a ser parte viva del rebaño.

Oración:

Señor, Padre bueno, haz que, consciente del sufrimiento que causa a tu corazón y al de mi madre, la Iglesia, nuestros descarríos y fallos, luchemos por no alejarnos de ti, sino que nos acerquemos más a ti, a tu palabra, a tus enseñanzas, precisamente en estos momentos de dificultad. Socórrenos, para que también nosotros podamos socorrer a nuestros hermanos y ser para ellos ejemplo de fidelidad.

Propósito:

Recitaré durante el día el salmo 23: "El Señor es mi pastor, nada me falta".

Mensaje de Adviento: Que no se pierda uno solo

Martes de la II semana de Adviento

Evangelio: Mateo 18, 14
El Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños.

De nuestra espiritualidad:

«Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (2Cor 8, 9) y, como el buen samaritano de la parábola, se inclina ante cada uno de nosotros, vapuleados en el camino de la vida y medio muertos por nuestros pecados (cf. Lc 10, 30-37). Todo esto por un solo motivo: por amor a mí y a todos los hombres, incluso a aquellos que no lo conocen o lo rechazan.

Propósito:

Rezaré un misterio del Rosario en este día que celebramos a Nuestra Señora de Guadalupe.

Meditación: Hemos visto cosas admirables

Las parálisis que nos invade son nuestros miedos, nuestras perezas, nuestras indiferencias y resistencias, nuestro rechazo del sacrificio y el trabajo por los demás.

Evangelio: Lc 5, 17-26
Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por dónde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo: -"Hombre, tus pecados están perdonados". Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: -"¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?". Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: -"¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil, decir "tus pecados quedan perdonados", o decir "levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados -dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa". Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: -"Hoy hemos visto cosas admirables".

Meditación:

Muchos temas se entrelazan en este pasaje. El punto de partida es la caridad, la compasión que algunos hombres experimentan hacia un pobre paralítico, que no puede moverse. Ellos se hacen cargo y le llevan a Jesús, seguros de obtener su curación. Viene a la mente, en contraste, otro pasaje evangélico: la tristeza de un hombre enfermo, desde hace treinta y ocho años, a quien nadie había ayudado a meterse en la piscina de Betsaida para poder ser sanado (cf Jn 5, 1-9).

Este pasaje inicia, pues, con un acto de fe y de caridad, una caridad a toda prueba, capaz de superar todo obstáculo. Jesús queda admirado y obra el milagro. Pero, ¿cómo lo lleva a cabo? En su corazón, aquellos hombres esperaban ver al paralítico caminar. En cambio, escuchan hablar de perdón de sus pecados. Jesús, va mucho más allá de las esperanzas humanas. Pero su modo de hablar y de obrar no es claro para todos. Estamos en el momento central, en el que surgen dos posturas ante el misterio: aquellos que habían acompañado al paralítico están en silencio, un silencio de estupor y espera. En cambio, los escribas y fariseos murmuran, juzgan al Maestro. Con una segunda intervención, Jesús regala al paralítico también la salud física, como signo de la salud del espíritu, de la curación interior. Él ha venido a salvar a todo el hombre.

El texto evangélico nos invita a hacernos algunas preguntas: ¿Cuáles son mis parálisis? ¿Reconozco mi necesidad de ser curado? ¿Acepto la ayuda de los demás? Una vez curado, ¿cómo me comporto, qué uso hago de nuestras fuerzas físicas, de mis capacidades?

Las parálisis que nos invade son nuestros miedos, nuestras perezas, nuestras indiferencias y resistencias, nuestro rechazo del sacrificio y el trabajo por los demás. En una palabra, nos paraliza todo aquello que nos impide obrar según la voluntad de Dios y entregarnos cada día al servicio del bien, con fe y humildad. Nos paraliza todo aquello que nos impide andar al encuentro del Señor, ponernos cara a cara frente a él, en silencio... Sin embargo, es sólo este encuentro personal lo que necesitamos para encontrar la razón de nuestra vida y la fuerza para recorrer los caminos del amor.

Oración:

Señor Jesús, líbranos de los miedos, de los apegos egoístas que nos cierran en nuestro pequeño ego y nos impiden vivir en comunión con los demás. Concédenos descubrir el don que ellos son para nosotros, y el don que nosotros podemos ser para ellos.

Propósito:

Agradecido por los bienes recibidos, no perderé ninguna ocasión de ayudar y servir a mis hermanos en sus dificultades.

Mensaje de Adviento: Levántate y anda

Lunes de la II semana de Adviento

Evangelio: Lucas 5, 22-23
Jesús, conociendo sus pensamientos [de los fariseos], les replicó: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: "Se te perdonan tus pecados" o "levántate y anda"? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -dijo entonces al paralítico-: Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».

De nuestra espiritualidad:

«Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (2Cor 8, 9) y, como el buen samaritano de la parábola, se inclina ante cada uno de nosotros, vapuleados en el camino de la vida y medio muertos por nuestros pecados (cf. Lc 10, 30-37). Todo esto por un solo motivo: por amor a mí y a todos los hombres, incluso a aquellos que no lo conocen o lo rechazan.

Propósito:

Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo y cumpliré con mis obligaciones sin quejarme.

Sunday, December 10, 2006

Video: Acerca de La Legión de Cristo

Breve explicación sobre la Legión de Cristo, su vida y trabajo apostólico.

Meditación: Preparad el camino del Señor

San Juan Bautista nos indica el camino que puede hacer florecer nuestros desiertos y convertirnos en profetas de tiempos nuevos.

Evangelio: Lc 3, 1-6
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios".

Meditación:

Antiguamente, en los países de Oriente, cuando pasaba un personaje importante, un heraldo advertía antes a la población, para que saliesen a las calles, las llenasen de flores y adornos, de modo que le hiciesen más agradable su paso por la ciudad.

El lenguaje simbólico utilizado por el profeta Isaías y retomado por el evangelista Lucas es sugerente para expresar una exigencia espiritual semejante. Viene a nosotros, enviado por Dios, Juan Bautista: él anuncia la inminente venida del Señor. Para poder acogerlo como es debido, hemos de preparar bien el camino, el camino de nuestro corazón. Es necesario, pues, iniciar un camino de conversión. Éste inicia con la escucha atenta y fiel de la palabra de Dios, y continúa con una revisión de nuestro modo de vivir. La palabra misma, acogida y conservada, nos transforma y mueve nuestra voluntad a elegir bien.

Iniciemos este camino aceptando la fatiga del camino interior, para gustar también la ayuda y la consolación que el Señor ofrece a quienes le buscan. Sentiremos también una libertad nueva. La disyuntiva es clara: se trata de elegir si vivimos según los instintos de la naturaleza, haciéndonos esclavos de la pasión, o si vivimos según el Evangelio, aceptando la renuncia a todo aquello que sea contrario a él, para gustar la alegría del encuentro con Jesús.

San Juan Bautista nos indica el camino que puede hacer florecer nuestros desiertos y convertirnos en profetas de tiempos nuevos, tiempos de justicia y de paz.

Oración:

Padre bueno, fortalece nuestro deseo de vivir en profundo silencio y recogimiento, para escuchar, entre tantos ruidos del mundo, tu voz que nos llama a la conversión. Suscita en nosotros un verdadero arrepentimiento y rompe nuestras resistencias y durezas, para que tu hijo Jesús pueda encontrar en nuestro corazón una morada acogedora.

Propósito:

Repetiré las palabras del salmista: "Crea en mi, Señor, un corazón nuevo; renuévame por dentro con un espíritu generoso".

Mensaje de Adviento: Preparemos nuestros corazones

Segundo domingo de Adviento

Evangelio: Lucas 3, 4
Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos.

De nuestra espiritualidad:

Quien no posee esta alegría interior, todos los regalos y todas las fiestas del mundo lo dejarán vacío. Tengamos mucho o poco para celebrar, es Navidad si acogemos a Cristo en nuestro corazón.

Propósito:

Escribiré tarjetas o mensajes de navidad a familiares y amigos que no vivan conmigo.

Saturday, December 09, 2006

Premiere de Guadalupe: La Película por PAX TV

Una lectora del blog, informa que en PAX TV será la Premiere Mundial para Televisión de "Guadalupe: La Película", y será transmitida el día 12 de diciembre del 2006 a las 8:30 PM como parte de la celebración del cumpleaños de la Virgen de Guadalupe, por el Canal 17 y por Canal 33 de Cable Mágico de Perú.