Tuesday, December 19, 2006

Meditación: Se llamará Jesús

La voluntad de Dios se cumple a través de la obediencia fiel de un hombre sencillo

Evangelio: Mt 1, 18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: –«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios con nosotros"». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Meditación:

José, el varón justo, se despierta del sueño y lleva a María a su casa, dispuesto a dar al niño que nacerá el nombre de Jesús. La voluntad de Dios se cumple a través de la obediencia fiel de un hombre sencillo, que ante la revelación del designio de Dios, humanamente desconcertante, sabe renunciar a sus propios deseos y se hace siervo de la palabra en silencio, humildad, contemplación y estupor. José es el hombre justo humilde y generoso. En la base de todas estas virtudes se encuentra la fe.

José es el siervo del Señor, como María es su sierva. Estas dos creaturas, siervas de Dios, han sido elegidas como padres de aquel que es el siervo de Dios por excelencia, Jesús, que ha venido al mundo para servir a la humanidad. José es un modelo incomparable de aquel silencio que no exige explicaciones, porque nace del amor. Por amor, elige siempre el último lugar, dispuesto a cualquier sacrificio por ser fiel al plan de Dios.

Querer ser excepcionales, sublimes, no es signo de autenticidad: si nos damos cuenta de que en nosotros hay deseos de heroísmo externo, debemos preguntarnos sobre las intenciones que nos mueven, nuestra propia gloria o la de Dios. Heroico y meritorio, delante de Dios, es el servicio humilde, diario, a nuestros hermanos los hombres. Ese heroísmo sí agrada al Señor.

Oración:

Padre bueno, dame un espíritu manso y humilde para saber acoger en cada momento tu santa voluntad. Vence todas mis resistencias y miedos, y hazme dócil instrumento de tu admirable designio de salvación, para gloria tuya y para bien de mis hermanos.

Propósito:

Afrontaré los trabajos de este día con fe, repitiendo las palabras del salmista: "Grandes son tus obras. Haz hecho todo con sabiduría".

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