Thursday, December 14, 2006

Meditación: El que tenga oídos, que entienda

También nosotros sufrimos a veces la fascinación de los vestidos de lujo, de aquello que nos hace superiores a los demás...

Evangelio: Mt 11, 11- 15
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche».

Meditación:

Una vez más, en esa página evangélica resuena el tema de la humildad y la sencillez. Mientras estamos esperando a aquel que se esconde, que se hace pequeño e indefenso para tocar al hombre en su fragilidad, somos trasladados al corazón de la obra salvífica de Jesús. El reino de Dios, anunciado con poder por los antiguos profetas, se presenta distinto. Jesús dirá que es semejante a un grano de mostaza, a un puñado de levadura... Precisamente porque es tan distinto de lo que los hombres esperamos, surge la discusión, "provoca violencia" a nuestra mentalidad, nos obliga a convertirnos, suscita el odio de aquellos que no quieren reconocerlo.

No es la grandeza, la riqueza y otras cualidades externas lo que hace a los hombres idóneos para el reino de los cielos, sino sólo la humildad y la santidad. Juan Bautista es un claro ejemplo. Su vestido: una túnica de piel de camello; su alimento: miel silvestre. Vive en el desierto, separado de la sociedad de su tiempo, invitando a la conversión. Muere por dar ejemplo de la verdad.

También nosotros sufrimos a veces la fascinación de los vestidos de lujo, de aquello que nos hace superiores a los demás. En el fondo, aquí se esconde la necesidad, nunca confesada, de autoafirmarnos en las cosas materiales, de ser acogidos y queridos por los hombres. Buscamos el camino más fácil, pero el camino es sólo Jesús, sólo el amor, porque amando descubrimos que podemos amar sólo porque Dios nos ha amado antes, nos ha amado hasta tal punto que ha entregado a su Hijo y se ha hecho pequeño y humilde por redimirnos y llevarnos a la plenitud de la felicidad.

Oración:

Señor Jesús, forma en mí, con la fuerza de tu Espíritu, un corazón que te escuche y se deje guiar dócilmente por tu palabra en mis pensamientos, sentimientos y acciones. Si Tú quieres pedirme algo más, dame la gracia de responderte con generosidad y vivir con fe en la hora de la prueba.

Propósito:

En este día haré un buen examen de conciencia para ver, a la luz del Evangelio, en qué cosas debo despojarme para ser más de Cristo.

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