Friday, August 31, 2007

Meditación: Cristo necesita almas dispuestas a entregarse

Evangelio:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80
Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel

Meditación:
El ángel de Dios se dirige a Zacarías mientras ofrece el incienso en el templo y cumple su función sacerdotal. Su respuesta es dubitativa y pide signos sensibles para creer en el anuncio.

De este pasaje podemos aprender a tener una fe más pura, más libre de condicionamientos y abandonada en Dios, como la de la Virgen María. Así hemos de conducirnos con Dios, con sencillez, con confianza, cooperando con lo que Él nos propone, asombrándonos de los designios de Dios, sean fáciles o difíciles y aceptando su voluntad en todo.

Por otra parte el nacimiento de Juan el Bautista nos invita a reflexionar en la vocación que tiene todo hombre a responder al amor de Dios.

Cristo necesita almas dispuestas a entregarse totalmente, sin reservas, que dediquen su vida a enseñar, predicar, testimoniar a Cristo y lograr que otras personas le sigan, le amen y le coloquen en el centro de su vida. Lástima que muchos preferimos la comodidad, los placeres de una vida tranquila y sin complicaciones, antes que seguir a Cristo, o ayudar a los hombres, nuestros hermanos, necesitados tanto de lo material como de lo espiritual.

Reflexión apostólica:
Todos hemos de ser como Juan el Bautista. Estamos llamados a evangelizar. No podemos pasar por el camino de la vida insensibles de frente a las necesidad de Dios que tiene el mundo.

Propósito:
Dejar en segundo lugar mis intereses terrenos y responder a mi vocación de cristiano, haciendo algo para dar a Cristo hoy a los demás.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home