Thursday, November 30, 2006

¿Alguna vez has sentido que Dios te llama?

El P. Ricardo Sada nos descubre los modos por los que Dios puede hacerse presente en la vida de un joven para llamarlo a dejarlo todo. ¿Nunca te has preguntado cómo llama Dios? Ve este video.

Meditación: Pescador de hombres

Demos gracias a Dios, pues nuestra fe se apoya en el sólido fundamento de los apóstoles.

Evangelio: Mt 4,18-22
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: -"Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Meditación:

Según el evangelista Juan, Andrés nos ofrece un típico ejemplo de autentica evangelización. Le dice a su hermano: "Hemos encontrado al Mesías". Pedro, tal y como le presentan los evangelios, era un hombre muy poco inclinado a creer fácilmente las palabras de otro; deba haber "visto" algo del Mesías en el rostro Andrés, para querer acercarse a Jesús. Mateo, en cambio, sitúa esta llamada junto al mar de Galilea. Le impresiona la determinación de "dejar todo y transformar completamente su vida; es necesaria una grandísima confianza en aquel que llama. Con más razón si se piensa que Jesús no hace grandes promesas, no le promete una seguridad, no le ofrece compensaciones. Más aún, a un escriba que le expresa el deseo de querer seguirle, le responde: "Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".

A Pedro y a Andrés, Jesús sólo les ha prometido una cosa, y nada fácil de entender: "Os haré pescadores de hombres". "Y al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron"". Jesús no se detiene. "Andando, un poco más allá, vio a otros dos hermanos…". Realmente, cuánto ha continuado caminando y llamando a otros, repitiendo la misma invitación que dirigió a Andrés. Y cuántos, con la misma generosidad, han dejado todo para seguirle. Esta conmemoración de los apóstoles debe empujarnos a darle gracias por todos aquellos llamados por Él, con una vocación específica al sacerdocio o a la vida consagrada, o con una vocación, no menos importante, a ser cristianos.

Demos gracias a Dios, pues nuestra fe se apoya en el sólido fundamento de los apóstoles. Demos gracias por todos aquellos que, en distintos momentos y de diversos modos, nos ofrecen el mismo testimonio de generosidad que los apóstoles. Demos gracias a Dios por la vocación que cada uno de nosotros ha recibido de transmitir la fe, como hizo Andrés con aquel que estaba junto a él, su hermano Pedro.

Pregutémonos: ¿Cuáles son las cualidades que debe tener un pescador de hombres? ¿He reflexionado en el significado de la llamada que Dios me ha hecho, a mi, cristiano? ¿Hemos comunicado a los demás, con la misma fuerza de Andrés, mi experiencia de Cristo?

Oración:

Si confiesas con tu voz que Jesús es el Señor y crees con tu corazón que Dios ha resucitado de los muertos, serás salvado… Cualquiera que invoque el nombre del Señor y cumpla sus mandamientos se salvará.

Propósito:

Conservaré en el corazón la palabra de Jesús: "Sígueme, te haré pescador de hombres". Hoy, imitando el comportamiento de Andrés, conduciré a alguien a Jesús.

Wednesday, November 29, 2006

Meditación: La fuerza misteriosa del amor

Si sufrimos con alegría, se preguntarán quién es ese, que dona tanta generosidad y fortaleza de alma.

Evangelio: Lc 21, 12-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -"Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".

Meditación:

Aquellos que han permanecido fieles a Dios, y que serán salvados por el cordero son descritos por el Apocalipsis como rectos en un mar de cristal, y elevan un canto de gloria y agradecimiento. Nosotros, con frecuencia, nos excusamos en que estos tiempos que corren se parecen a un mar en tormenta, donde impetuosas olas nos impiden avanzar en el camino del cristianismo. ¿No nos ha asegurado Cristo, como a Pedro, que es posible caminar sobre el agua? Basta que tengas fe.

En el evangelio, Jesús dibuja rápidamente, pero con claridad, lo positivo de las persecuciones contra la fe. Si somos perseguidos por causa de Cristo, y no por nosotros mismos, tenemos la posibilidad de ofrecer un auténtico testimonio de fe. La huida a otras ciudades es la ocasión de predicar a Jesús allí; el ser conducido delante de los tribunales nos ofrece el modo de anunciar el Evangelio en lugares hostiles, en ambientes donde nunca sería predicado. El rechazo mismo de nuestros familiares, por la práctica auténtica del cristianismo, nos permite predicar en casa.

Todo depende de nuestra actitud: si nos lamentamos, los demás verán en nosotros a hombres y mujeres "del montón", "normales". Si en cambio sufrimos con alegría, se preguntarán quién es ese, que dona tanta generosidad y fortaleza de alma. Tendrán, además, la posibilidad de descubrir nuestro secreto: Cristo. Naturalmente, las decisiones heroicas presuponen una certeza positiva, fuerte y absoluta. Nosotros la tenemos: Jesús, durante un cierto tiempo, deja caminar la historia humana casi a la deriva, pero Él dirá la palabra definitiva.

Preguntémonos: ¿Qué me dice a mí la palabra de Dios: "Quién no glorificará tu nombre, Señor, porque Tú solo eres santo"? ¿Encuentro confianza en la frase del Evangelio: "Si me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros"? Las pruebas y dificultades para dar testimonio de tu vida cristiana, ¿no desaparecen al saber que "ni siquiera un cabello vuestro se perderá"?

Oración:

"Grandes y admirables son tus obras, oh Señor, Dios omnipotente; justos y verdaderos tus caminos, oh Rey de las gentes. ¿Quién no te temerá, Señor, y no glorificará tu nombre? Porque Tú solo eres santo" (Ap 15,3-4).

Propósito:

Tendré presente la frase de Jesús: "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Hoy daré testimonio de mi fe en casa, bendiciendo la mesa antes de comer.

Articulo: El celibato

Autor: P. Ricardo Sada, L.C.

En la historia tenemos muchos ejemplos de personas que han consagrado sus vidas a ideales y actividades científicas, políticas, artísticas, teniendo que renunciar por ellas al matrimonio. El que renuncia al matrimonio para hacerse sacerdote o religioso no lo hace para renunciar al amor, sino para amar de otra manera.

En la clase de música de la primaria tenía un compañero que aprendió muy rápido las notas musicales pero, por alguna razón, confundía siempre el símbolo de la clave de sol y el de la clave de fa.

Como es lógico, cuando el profesor le enseñaba una partitura y le pedía que leyera las notas, su respuesta era rápida y segura, pero totalmente equivocada por el error inicial al leer la clave.

Todo tiene su contexto propio y si no queremos andar fuera de la realidad más nos vale considerar cada manifestación de la vida en el contexto que le corresponde.

En estas semanas hemos escuchado hablar profusamente del tema del sacerdocio y los errores de los sacerdotes. En toda la polémica ha estado presente el tema del celibato como el presunto culpable de desequilibrios, errores, frustraciones y cuitas de los sacerdotes. Se han levantado algunas voces pidiendo el fin de esta práctica por considerarla anacrónica en algunos casos y, en los más, contraria a la naturaleza humana.

Ciertamente, si nos asomamos al sacerdocio desde un punto de vista meramente humano, no deja de ser una profesión como otra cualquiera y tiene mucha semejanza con la de aquellos que dedican su vida a luchar por los derechos de los demás o a socorrerlos en sus necesidades de todo tipo.

En un contexto así, el celibato no tiene pies ni cabeza. Pero no debemos olvidar que el contexto propio del sacerdocio -y por tanto del celibato- no es meramente humano, sino que tiene una componente sobrenatural que no se puede dejar a un lado. El que elige el sacerdocio, y el celibato que le va unido, lo hace basado en la llamada de un Dios en el que cree. Quizá si respetamos ese contexto sobrenatural nos resultará más fácil entender las razones profundas por las que la autoridad de la Iglesia debe mantener el celibato.

El sacerdote es una presencia en el mundo del amor indiviso de Dios. De un amor que es disponibilidad sin condiciones, que se entrega totalmente a cada uno; que está comprometido con todos en lo personal, pero con en nadie en exclusividad. El testimonio del sacerdote célibe es un recordatorio para los hombres de las realidades últimas de la vida: venimos de Dios, caminamos hacia El y hacia la eternidad.

Se ha acusado en estos días al celibato de ir contra la naturaleza humana porque trunca la vocación que todo ser humano tiene al amor. Yo diría que el ser humano está llamado al amor por su propia naturaleza, es cierto. Pero no es menos cierto que esa llamada se puede realizar de muchas maneras y no sólo en la relación personal con una mujer.

En la historia tenemos muchos ejemplos de personas que han consagrado sus vidas a ideales y actividades científicas, políticas, artísticas, teniendo que renunciar por ellas al matrimonio. El que renuncia al matrimonio para hacerse sacerdote o religioso no lo hace para renunciar al amor, sino para amar de otra manera.

En lo que sí estamos de acuerdo es en que ese modo de vida no es para cualquiera y que la Iglesia deberá ser muy cuidadosa en sus procesos de discernimiento y acompañamiento de los jóvenes candidatos.

He oído en varios medios de comunicación que el celibato nace en la Edad Media y por razones económicas. La base de esta afirmación es que el celibato fue establecido como una obligación para los clérigos en el segundo concilio de Letrán de 1139 y para evitar el empobrecimiento de las diócesis y parroquias por la repartición de su patrimonio entre los hijos de los clérigos. Es una postura reductivista y bastante simplista que nos aleja de la realidad histórica.

En realidad, el celibato nace en la Iglesia por el deseo de imitar a Cristo mismo que eligió ser célibe. Esta es la razón fundamental de que la Iglesia lo haya adoptado como ley para sacerdotes y clérigos. La práctica del celibato era ya aceptada universalmente en la Iglesia desde el Siglo IV, cuando San Agustín quiso adaptar la vida de sus sacerdotes a la regla monástica. Otra cosa es que la primera declaración oficial sobre la obligatoriedad del celibato haya venido en el segundo Concilio de Letrán.

Para muchos, si se quitara el celibato se terminaría el problema que plantea la escasez de vocaciones al sacerdocio. Este es un argumento de tipo práctico, pero lo cierto es que hay otros muchos argumentos prácticos a favor del celibato. Si éste se eliminara, el sacerdocio católico dejaría de ser como lo conocemos pues perdería esa disponibilidad total para el servicio.

No se puede pretender que un padre de familia responsable pueda, como sucede actualmente con los sacerdotes, cambiar de residencia cuantas veces sea necesario; no se puede prescindir de las preocupaciones económicas propias de aquel que tiene la responsabilidad de unos hijos. No se puede pretender que el corazón y el tiempo de un sacerdote sean sin restricciones para el que lo necesite porque una esposa y unos hijos tienen derecho de prioridad y requieren una atención.

Las relaciones dentro del clero tienen las dificultades propias de una sociedad como la Iglesia que, a pesar de ser de carácter divino, no deja de ser también humana. Ahora imagínense tener que armonizar esas relaciones si hay que añadir una nueva fuente de intereses, de gustos, de puntos de vista que son aportados por las esposas e hijos.

En definitiva, ser un buen sacerdote no es fácil. Ser un buen padre de familia tampoco lo es. Pero ambas cosas al mismo tiempo parece una tarea fuera del alcance del común de los mortales.

La Iglesia ve el sacerdocio y el celibato desde la perspectiva adecuada: una presencia del amor de Dios. Por eso lo considera un tesoro que no quiere perder.

COPYRIGHT Agencia Reforma

P. Álvaro Corcuera, L.C.: Viaje apostólico del Papa a Turquía


P. Álvaro Corcuera, L.C., director general de la Legión de Cristo y del Regnum Christi, escribió una carta el 27 de noviembre a todos los miembros y amigos del Movimiento, acerca del viaje apostólico del Papa Benedicto XVI a Turquía.

Articulo: Un regalo sorpresa

Autor: P. Ricardo Sada, L.C.

La pequeña chimenea que dominaba los techos de San Pedro era nuestra única conexión con la Capilla Sixtina y con los cardenales que en ella celebraban el cónclave. Cuando tímidamente empezó a salir el humo blanco, el ritmo vital de aquella apacible tarde del otoño romano cambió por completo. Todos corrimos hacia la Plaza de San Pedro y en un momento la habíamos llenado.

El ambiente era de una fiesta expectante. Parecía mentira que Juan Pablo I hubiera pasado tan rápidamente por la sede de San Pedro y que en menos de dos meses estuviéramos esperando otra vez el nombre del nuevo Papa. El hombre al que se le iba a encargar una misión que a todos nos parecía muy difícil si no es que imposible: llenar el vacío dejado por el Papa Juan Pablo I, quien con su bondad, sencillez elegante, buen humor y una sonrisa transparente, había conquistado todos los corazones.

Por fin, el Cardenal Pericle Felici salió al balcón y se hizo un gran silencio: "Os anuncio una gran alegría: tenemos Papa". Según la fórmula acostumbrada en latín, pronunció primero el nombre de pila: Carlos. Mientras pausadamente repetía los títulos de "eminentísimo y reverendísimo señor cardenal", todos tratábamos de recordar quién de los cardenales italianos se llamaba Carlos y sólo nos venía a la memoria el de Milán: Carlo Colombo.

Al escuchar "Wojtyla", un murmullo de estupor y sorpresa recorrió la plaza. Una señora italiana que escuchaba atentamente a mi lado se puso las manos en las mejillas y gritó: "Han elegido a un negro". Fue su forma espontánea de manifestar la sorpresa al ver que, por primera vez en más de cuatro siglos, no había sido elegido un italiano. "No, señora, es un polaco". "Y usted, ¿cómo sabe?", me respondió sorprendida. Yo lo había conocido tres días antes en la Misa que todos los cardenales habían concelebrado en San Pedro justo antes de entrar al cónclave.

Ese día fui su ayudante personal para conseguirle los ornamentos y ayudarle a revestirse. Al igual que mis compañeros, siendo un seminarista estudiante de filosofía, yo tenía la ilusión de que me tocase ayudar a uno de los cardenales italianos famosos y considerados papables. Pero no fue así. Me asignaron a un "ilustre desconocido".

Lo que inicialmente me pareció mala suerte al final me dejó un gran sabor de boca porque el desconocido tenía una sencillez, simpatía y forma de tratar cautivadoras. Se interesó por mi nacionalidad y estudios, por mi congregación a la que no conocía en ese tiempo, bromeó conmigo, como lo hizo cuando semanas más tarde le pude hacer una visita y poniendo su mano en mi hombro me dijo: "Yo creo que tú fuiste el culpable de que me eligieran Papa". Combinaba esa forma de ser con una profunda piedad, notoria por la forma en que se preparaba para la Misa y el fervor con que se arrodilló para orar al final de la misma ante La Pietá de Miguel Ángel.

Por fin, el Papa salió al balcón. Inmediatamente conectó con la multitud. Parecía que todo era novedad esa noche: el primer Papa polaco, el primero no italiano en casi cinco siglos, el aire desenfadado de un Papa que pedía a los romanos le corrigieran cuando se equivocase al hablar en italiano; hasta la voz firme y grave que rebotó entre las columnas de Bernini acostumbradas al timbre más agudo y opaco de los últimos cuatro papas. íCuánta energía y seguridad se percibían detrás de esa voz!

Aquella noche y unos días después, en la ceremonia del solemne inicio de su pontificado, Juan Pablo II consagró las tres frases que podrían ser el resumen de su programa de trabajo para los 26 años de pontificado:

1. "Sea alabado Jesucristo"

Fue su primera frase pública como Papa y el saludo a la gente congregada en la Plaza de San Pedro. Ésa era su motivación y el sentido de su vida. Juan Pablo II aceptó la carga del pontificado porque la entendía como un servicio a ese Cristo al que se consagró como sacerdote siendo todavía un joven estudiante. Para un cristiano, ésa es la explicación de la existencia humana. Venimos de Dios y vamos hacia la eternidad con Él. Lo demás tiene valor en función de ese convencimiento.

Muchos resaltan la relevancia política de su pontificado, la defensa de los derechos humanos, la lucha por la paz, pero todo, en última instancia, tenía en el corazón de Juan Pablo II una misma clave: servir a Cristo en sus hermanos. Por eso fue siempre hombre de oración y, a pesar de sus innumerables y urgentes responsabilidades, dedicaba muchas horas al día a la oración. íQué fácil era orar a su lado!

2. "Abrid de par en par las puertas a Cristo"

Juan Pablo II recorrió muchos miles de kilómetros en estos 26 años llevando el mensaje del Evangelio a todos los rincones del Planeta. Él era consciente de que la fe es una opción personal, la amistad con Dios tiene que ser aceptada en el corazón por cada uno en lo particular y, cuando esto sucede, se hacen luminosos los horizontes de la vida humana. Él lo sabía por experiencia personal y quiso transmitirlo a todos los hombres.

3. "No tengáis miedo"

Juan Pablo II recorrió como mensajero de esperanza los caminos de un mundo atribulado, lleno de miedos e incertidumbres. Un mundo en el que todo pasa tan rápido que el vértigo se ha hecho un modo de vida. Un mundo al que no se le ve rumbo definido y en el que los valores tradicionales han sido sometidos uno tras otro a profundos cuestionamientos.

Quizá Karol Wojtyla tendría serias justificaciones para sentir miedo en el ya lejano octubre de 1978. Se enfrentaba a una tarea nueva y sembrada de retos desconocidos. Conocía poco también del país que albergaba la sede de Pedro. Muchos temían que, por ser polaco, su nombramiento fuese interpretado como una provocación por la entonces superpoderosa Unión Soviética y su régimen comunista. Juan Pablo II recibía el timón de una Iglesia que llevaba 15 años debatiéndose por salir de la tormenta que originó el Concilio Vaticano II y el doloroso pero necesario proceso de adaptación y renovación subsiguiente.

Sin embargo, la esperanza en su corazón fue siempre más fuerte que el miedo y Juan Pablo II fue un hombre profundamente coherente con sus convicciones: Dios no nos puede dejar cuando tratamos de serle fieles. Quizá por eso su imagen tuvo siempre ese imán, el atractivo que conquistó el respeto y el afecto tanto de creyentes como de no creyentes.

En 1978, nadie se podía imaginar lo que vivimos en estos 26 años de la mano de Juan Pablo II. Hoy se ha ido, pero nos deja el testimonio de su vida. Hombres como Juan Pablo II son los que dan lustre a la humanidad. Necesitamos líderes que sepan creer con realismo en la bondad que encierra la naturaleza humana y en la huella que Dios le ha querido imprimir. Necesitamos más hombres como él, convencidos de que el mundo puede ser mejor y dispuestos a dar su vida para demostrarlo y hacerlo realidad.

El autor es sacerdote legionario de Cristo, licenciado en Derecho y licenciado en Filosofía.

COPYRIGHT Agencia Reforma

Tuesday, November 28, 2006

Meditación: El valor del tiempo

La profecía de Jesús contra Jerusalén ¿no se cumple en la historia de las naciones y de los hombres?

Evangelio: Lc 21, 5-11
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: -"Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido". Ellos le preguntaron: -"Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?". Él contestó: -"Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: ´Yo soy´, o bien ´El momento está cerca´; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida". Luego les dijo: -"Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo".

Meditación:

El regreso a la casa del Padre de quien se ha mantenido fiel, es obra del mismo Cristo, que está sentado en un trono de nubes. El castigo eterno para los rebeldes es obra de un ángel. El significado es profundo: Dios quiere la salvación de todos los hombres, y por este motivo, obra Él mismo directamente. En cambio, la condenación la acepta, pero no la quiere, porque nunca ha formado parte de su proyecto de amor. En el designio divino, todos están predestinados a la salvación; su realización concreta, o la condenación dependen de la libertad de cada hombre, de su postura libre frente a Cristo, centro del universo y de la historia.

El esplendor del templo fascina a los discípulos que siguen a Jesús. Es la ocasión propicia para transmitirles una enseñanza: el valor relativo del tiempo y de todo aquello que está destinado a perecer con el tiempo. Jesús invita a proyectar nuestra mirada más allá, donde la corrupción no corroe los muros del templo. Sólo en Dios podemos encontrar lo definitivo e incorruptible.

La esperanza final de los creyentes será satisfecha plenamente sólo en la segunda venida de Cristo. Miremos, por tanto, con admiración las construcciones humanas, apreciemos el ingenio y la capacidad artística de sus autores, pero no nos paremos ahí. Consideremos todo en Cristo y en su amor.

Preguntémonos: si Jesús metiese ahora la hoz en su campo, y empezase a aventar el trigo cortado, ¿estaríamos entre la paja o en el grano? La profecía de Jesús contra Jerusalén ¿no se cumple en la historia de las naciones y de los hombres? ¿No resultan inútiles todas aquellas construcciones que no se fundan en la piedra angular?

Oración:

Señor, haz que no me pierda en la curiosidad de querer saber el dónde, cómo, cuándo… Hazme acoger tu invitación a vigilar, aprovechando como hombre sabio el tiempo presente.

Propósito:

Conservaré en mi corazón el consejo de Jesús: "Estad atentos". Para no dejarme engazar, leeré cada día un pasaje del Catecismo de la Iglesia, para crecer en un sólido sentido de Cristo y de la Iglesia.

Monday, November 27, 2006

Meditación: Como un canto nuevo

Dar es difícil, dar bien es casi imposible...

Evangelio: Lc 21, 1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: -"Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir".

Meditación:

La viuda ofrece a Dios lo que ella necesita para vivir, aquello que le es necesario. La fe de esta mujer, una fe sencilla, que sabe cumplir un gesto en apariencia insignificante, es percibida por el Señor Jesús como el don más bello que ha recibido el tesoro del templo.

Dar es difícil, dar bien es casi imposible. Esta mujer es libre en su devoción y en su sencillez, no se para a preguntarse por cómo usarán ese dinero, no se escandaliza de las bellas piedras que adornan el templo ni espera presuntas ganancias o reconocimientos de parte los Sumos Sacerdotes. Jesús mira el corazón de este don, don sufrido y meditado. Cuesta donar, y donarse, pero Dios lo ve. Démosle lo esencial, lo más nuestro, aquello que constituye nuestra interioridad, porque el Señor lo tomará y lo hará elevarse, lo transfigurará. Si desafiamos a Dios en generosidad, Él siempre venderá.

Preguntémonos: ¿No necesito también yo contemplar al Cordero y a los salvados, a aquellos que tienen en la frente su sello, para ser regenerado a una esperanza viva? ¿Qué estoy dispuesto a dar hoy al Maestro: tiempo, una sonrisa, un acto de perdón?

Oración:

Como la viuda del evangelio, también ponemos hoy nuestra jornada en el tesoro del templo, en tu corazón. Señor Jesús, sé que Tú aprecias a los hijos que imitan la generosidad tuya, Señor y Rey de la vida.

Propósito:

Hoy repetiré esta palabra del Señor: "El que siembra con largueza, generosamente cosechará.

Sunday, November 26, 2006

Meditación: Dar testimonio de la verdad

Preguntémonos si somos conscientes de que con el bautismo nos convertimos en Cristo, rey, sacerdote y profeta.

Evangelio:
Jn 18, 33b-37
En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: -"¿Eres tú el rey de los judíos?". Jesús le contestó: -"¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?". Pilato replicó: -" ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?". Jesús le contestó: -"Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí". Pilato le dijo: -"Conque, ¿tú eres rey?". Jesús le contestó: -"Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz".

Meditación:

Colocarse bajo el poder de Cristo Rey no nos lleva, únicamente, a la posesión futura del reino de Dios, sino también es una para vivir la propia existencia con el sello de una auténtica dignidad humana. Ayer fue Pilato el que tuvo que tomar partido frente a Cristo Rey; hoy nos toca a nosotros. Y es relativamente fácil caer en la equivocación del procurador romano, después de haber preguntado si Jesús era de verdad Rey. No se para a escuchar la respuesta y no acepta las consecuencias prácticas que se desprenden de su realeza.

También para nosotros Cristo Rey puede constituir un breve "acontecimiento litúrgico", que termina con el final de la celebración eucarística. Mientras tanto, mantenemos el poder para nosotros mismos, negando, con los hechos, que Cristo reine en nuestra existencia. Podríamos revitalizar al Pilato que hay en cada uno de nosotros y dejar mayor espacio al discípulo auténtico, convencido realmente de la realeza de Cristo. Esta convicción significa reinar con Él, desde ahora y para toda la eternidad. Nosotros, mediante el bautismo, nos convertimos en Cristo rey, sacerdote y profeta. Pertenecer a un pueblo de reyes significa ser señor de sí mismo, libre de condicionamientos porque hemos sido liberados por Cristo. Precisamente porque somos libres, podemos servir desinteresadamente, sin pretensiones de dominio, sino con la humilde ambición de construir cada día el reino del que hemos sido hechos partícipes.

Preguntémonos si somos conscientes de que con el bautismo nos convertimos en Cristo, rey, sacerdote y profeta. ¿Cómo vivo esta gran realidad? ¿No tengo el deber de repetir, una vez más: Jesucristo Rey, te doy todo mi reconocimiento y quiero ponerme a tus pies con la más absoluta confianza en ti?

Oración:

Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor, aquel que es, que era y que será, el omnipotente. ¡Venga tu reino, Señor, a mi corazón, a mi familia y a la sociedad!

Propósito:

Cristo, reconocerte como verdadero y único rey de mi vida significa descubrirte en mis hermanos. Confiar en ti significa, concretamente, volverte a dar hoy todo mi amor.

Saturday, November 25, 2006

Meditación: Dios de vivos

Evangelio: Lc 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: -"Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella". Jesús les contestó: -"En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participarán en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor ‘Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob’. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para Él todos están vivos". Intervinieron unos escribas: -"Bien dicho, Maestro". Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Meditación:

Al inicio de este pasaje, son los saduceos quienes se acercan a Jesús; al final, son los escribas quienes dicen: "Has respondido bien, Maestro". Jesús es sometido a una prueba en una sutil cuestión jurídica: las relaciones interpersonales en la vida que nos espera, cuando nuestro paréntesis terreno haya terminado. Conciben el mundo de Dios, o sea, el mundo de la vida sin fin, al estilo de la vida en este mundo. Es aquí donde se equivocan.

Jesús penetra de inmediato en lo esencial: afirma, sobre todo, que el mundo futuro no es semejante a este presente, y no puede ser juzgado o evaluado del mismo modo. De hecho, aquellos que serán juzgados dignos del mundo futuro y la resurrección de la carne, no tomarán ni mujer ni marido, porque serán como ángeles y -se añade en el evangelio de Lucas- como hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Dios será la plenitud de la vida. Sobre esta verdad se funda la vida de los resucitados, o sea, la vida que poseerán, mediante la resurrección. Es ésta una vida que viene de Dios, no por generación carnal: "Los resucitados son hijos de Dios, nacidos de Él". Jesús, citando la Escritura cuando habla de la zarza que ardía sin consumirse (Ex 3, 2), afirma que Dios se revela como "el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob,", un Dios de los vivos. Y añade: "Porque todos viven por Él". Es lógico, por tanto, que "no puedan morir". La vida que poseen es la vida misma de Dios, y por ello una vida que no puede terminar, pues viven por Él.

Preguntémonos: ¿Qué me dice esta página del evangelio? ¿Cómo es mi fe en la resurrección? ¿Creo de verdad en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

Oración:

Se siembra un cuerpo corruptible, pero resucita incorruptible. Del mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terrestre, así llevaremos la imagen del hombre celestial.

Propósito:

Profundizaré en la frase: "Serán como ángeles de Dios… Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque todos viven por Él". Hoy quiero dar un testimonio concreto de mi fe en la resurrección.