Monday, December 25, 2006

Meditación: Nos ha nacido un niño

¿Quién no anhelará ser santo para estar más cerca de Dios?

Evangelio: Jn 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Este es de quien dije: ´El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo´". Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Meditación:

¿Qué es un niño, un bebé? La más débil de las creaturas. Pero, en su pequeñez, es una gran realidad. Dios mismo se ha entregado a los hombre como un bebé. "Sobre sus espaldas -había cantado Isaías- lleva el signo de su realeza". Él es Dios, el fuerte, pero se le ve pequeño, débil, envuelto en pañales, como todos los bebés nacidos de mujer. Más aún, ha nacido como el último entre los pobres, sin una casa, en una cueva de animales, y con un pesebre como cuna.

Desde su nacimiento, Jesús es signo de contradicción, que vuelve vanas las falsas certezas de los hombres, cada vez más inclinados a juzgar según criterios de poder, riqueza, fuerza. Sólo los pequeños, los pobres, los últimos, saben acoger este gran misterio.

"Andad y ved", dicen los ángeles a los pastores, y nos dicen hoy también a nosotros. Los pastores se ponen en camino. Caminemos nosotros también junto a ellos, con el corazón dispuesto a contemplar aquello que ha sucedido, y que el Señor nos ha comunicado. Exultemos de gloria, haciendo nuestros los sentimientos, los deseos, el estupor que todos los cristianos siempre han experimentado ante el inaudito misterio que los Padres de la Iglesia han traducido en palabras de sublime belleza: "¿Qué podré decir ante aquello que veo? Dios en la tierra, ¿y quién estará en el cielo? Dios viene a nosotros, nacido de una virgen. ¿Quién no anhelará ser santo para estar más cerca de Dios? Dios es cubierto por unos pobres pañales, ¿y quién no querrá hacerse rico de la divinidad de Dios, revestido de humildad? Quiero caminar a Belén para acoger a Dios y deseo llegar a la gruta celeste, y allí alzar la voz: ´Gloria a Dios en lo alto de los cielos, y paz a los hombres que él ama´" (Sofronio de Jerusalén).

Oración:

Señor Jesús, Hijo de Dios, Tú que por nuestro amor te has hecho pequeño y has habitado entre nosotros, convierte a ti nuestro corazón, haz que, acogiendo con renovado espíritu y gratitud esta "buena noticia", vivamos según el espíritu del Evangelio, no rechacemos nunca la debilidad y la pobreza, descubriendo en ella el signo de tu divina presencia.

Propósito:

Hoy me detendré en adoración delante del Niño Jesús, y confiando en su amor y compasión, pondré a sus pies toda la pobreza, física y espiritual, que aflige a la humanidad.

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