Wednesday, December 20, 2006

Meditación: Salve, llena de gracia

Antes del anuncio, el mundo entero estaba esperando, después, palpita en él una nueva vida.

Evangelio: Lc 1, 26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -"Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -"No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". Y María dijo al ángel: -"¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?". El ángel le contestó: -"El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible". María contestó: -"Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y la dejó el ángel.

Meditación:

En el episodio de la anunciación todo es sencillo. Es como una instantánea. Un ángel y una virgen, un saludo y una respuesta, un momento de temor y una palabra de aliento, un don ofrecido y un don acogido, don gratitud y gozo. Antes del anuncio, el mundo entero estaba esperando, después, palpita en él una nueva vida.

El sonido de la campana por la mañana, a medio día y por la tarde nos recuerda en algunos sitios aquel momento en el que "el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros", y nos hace comprender cada vez mejor que el misterio de la anunciación es un hecho sin límites de espacio y tiempo. Nazaret es cada ciudad, cada país, cada casa. Nazaret es cada alma. El sí de María es la nota purísima que da armonía entre el cielo y la tierra, entre las creaturas y el creador.

Ningún hombre puede permanecer indiferente, porque cada hombre estaba presente en María cuando ella ofreció su humanidad al Verbo. Con el misterio de la encarnación empieza para cada uno de nosotros una extraordinaria aventura de gracia, porque cada día los ángeles -que pueden ser las diversas circunstancias de la vida, las personas que nos encontramos, con quien vivimos o trabajamos- nos ponen continuamente delante de la disyuntiva de elegir entre Dios y nosotros mismos, entre nosotros y el bien del prójimo, entre el bien de todos y nuestros intereses egoístas.

Sólo la fe promete cumplir aquel salto cualitativo que nos permite elegir, con confianza y abandono, la voluntad de Dios antes que la nuestra, con la certeza de que Él nos conoce y nos ama más de lo que nos amamos a nosotros mismos.

Oración:

Virgen María, Madre del Salvador, Tú que has sabido acoger el anuncio del ángel con un corazón dispuesto a obedecer y a servir al omnipotente, por tu intercesión, haz que también en nosotros el Verbo se haga carne gracias a nuestro sí renovado todos los días.

Propósito:

Acompañaré mi trabajo, mi servicio a los demás, repitiendo en mi corazón, con fe y amor, las palabras de María: "Aquí está la esclava del Señor".

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