Saturday, February 24, 2007

Meditación: Los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños

“¡Mujer, grande es tu fe!

Evangelio:
Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido. Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies.

Cuando aquella mujer, una siria de Fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio a su hija, él le respondió: “Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. La mujer le replicó: “Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”.

Entonces Jesús le contestó: “Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija”. Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella.

Meditación:
Los milagros que Jesús obró en su vida pública están ligados a la fe. La fe de las personas precede a sus milagros. Vemos por ejemplo el encuentro de Jesús con Jairo, el jefe de la sinagoga a quien le dice: “No temas, ten sólo fe”. Y cuando el padre del epiléptico pide la curación de su hijo, Jesús le responde que “todo es posible al que cree”, y a la mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años le confiesa: “Tu fe te ha curado”.

Nos impresiona de manera especial el episodio del evangelio de hoy que nos habla de la mujer cananea que no cesaba de pedir la ayuda de Jesús para su hija. Esta mujer no sólo realiza un gran acto de fe sino también de humildad cuando afirma: “Señor, también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores”. Ante esta respuesta tan humilde y confiada, Jesús confiesa: “¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como tú quieres”.

Cuando Jesús ve la fe de la mujer realiza el milagro. Jesús no se resiste ante nuestra fe. ¡Seamos audaces en nuestra fe! ¡Creamos que Jesús es nuestro Señor, nos escucha y busca el mayor bien para nosotros!

Otra enseñanza del Evangelio de hoy es la humildad. Esta virtud nos coloca e la verdad de nosotros mismos y de nuestras relaciones con Dios y con los demás. Así pues, fe y humildad son como dos escalones que nos llevan a estar más cerca de Dios.

Reflexión Apostólica:
La fecundidad apostólica depende del poder de Cristo, y no tanto de las propias cualidades, aptitudes o esfuerzos, ya que sin Él nada podemos hacer en el orden de la gracia.

Propósito:
Hoy me ejercitaré en la humildad: aceptando mis faltas ante los otros, pidiendo perdón, haciendo algún servicio, contrarrestando mi tendencia a la soberbia y al orgullo.

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