Saturday, February 24, 2007

Meditación: Dejándolo todo, lo siguieron.

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres”

Evangelio:
Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios.

Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudar los. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”: Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.

Meditación:
En este Evangelio se me presenta en la barca de Pedro, la Iglesia. Jesús me pide que me suba a ella, que me aleje de la orilla de la seguridad terrena y esté dispuesto a introducirme con el Señor, en la aventura del mar de la fe. Allí descubro a muchas personas que en búsqueda de redes seguras y tangibles, se dejan atrapar por doctrinas erróneas, por espiritualismos dudosos, por ideales equivocados… El que quiera enseñar, en tu nombre, Jesús, sin perderse o desvirtuar los contenidos, ha de entrar en la “barca de Pedro” en donde estás Tú, y aceptar el ruego que le haces de alejarse un poco de la multitud, pues así podrá tener la capacidad de ver a cada hombre, de aceptar y respetar su individualidad y, de este modo, transmitir personalmente tus enseñanzas.

Yo, como Pedro, te digo Jesús que mis redes ya no recogen, están desgastadas; las he usado muchas veces con ilusión y con esfuerzo, tanto en el apostolado como en la vida diaria. Pero hoy, yo me estoy dando por vencido pues Tú sabes, Señor, que no pesco a ese hijo que está en malos pasos, ¡no puedo hacer nada!… que en mi medio de trabajo es inútil echar las redes, porque para muchos eres, Señor, un extraño… que los que me rodean huyen de cualquier compromiso y que las prisas con las que vivo, la presión de la rutina diaria, impiden que cargue con mi red y mejor la dejo guardada en casa. Sin embargo, a la luz de este Evangelio, voy a convertir en obediencia mi escepticismo y desaliento y, como Pedro, en tu nombre volveré a echar las redes… ¡Seguro conseguiré para Ti, Señor, algo importante!

Reflexión Apostólica:
Como a Simón, me ruegas Señor, que con mi barca me aleje de la seguridad que puede dar lo puramente humano y terreno, y esté dispuesto a introducirme contigo “mar adentro”, en donde el apóstol toma con seguridad el remo de la fe y se deja llevar por el aire del Espíritu Santo.

Propósito:
Hoy empezaré por eliminar el respeto humano de mi conducta.

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