Saturday, February 24, 2007

Meditación: La gente comió hasta quedar satisfecha

Multiplicación de los panes

Evangelio:
Marcos 8, 1-10
En aquellos días, vio Jesús que lo seguía mucha gente y no tenían qué comer. Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente: ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. Si los mando a sus casas en ayunas, se van a desmayar en el camino. Además, algunos han venido de lejos”.

Sus discípulos le respondieron: “¿Y dónde se puede conseguir pan, aquí en despoblado, para que coma esta gente?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos le contestaron: “Siete”.

Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo; tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos, para que los distribuyeran. Y ellos los fueron distribuyendo entre la gente.

Tenían, además, unos cuantos pescados. Jesús los bendijo también y mandó que los distribuyeran. La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía se recogieron siete canastos de sobras. Eran unos cuatro mil. Jesús los despidió y luego se embarcó con sus discípulos y llegó a la región de Dalmanuta.

Meditación:
Jesús sabía la realidad en la que se encontraban las personas que lo seguían, e igualmente, conoce hoy perfectamente tu realidad y la mía. La pregunta que hoy me hago es que si, como aquellos, a pesar de las dificultades he perseverado en su seguimiento. Con la apertura que hace posible la certeza de la presencia de Cristo, recordemos y revisemos semana tras semana, cada uno de los medios de santificación que tenemos a nuestro alcance y que son de importancia vital para la perseverancia: los compromisos de vida cristiana. Tú, Señor, sabes de mis necesidades y por ello es que en cada “compromiso”, realizado con amor, alimentas las necesidades del alma y la fortaleces impidiendo de este modo que desfallezcamos en el esfuerzo por seguirte.

Al encargar a los discípulos el reparto del alimento a la gente, en la segunda multiplicación de los panes, veo con claridad que me necesitas como instrumento tuyo ante mis hermanos los hombres, Señor. Asimismo, al leer sobre los panes que reparten tus discípulos, pienso en los sacerdotes en cuyas manos deposita el Espíritu Santo en cada Santa Misa tu Cuerpo, que se multiplica milagrosamente en todas las hostias que continuamente se están consagrando en el mundo. De nuevo, como entonces, le encargas a tus discípulos que repartan a tus fieles el divino alimento. Te pido, Señor, la gracia de apreciar, disfrutar y agradecer cada vez más, el hecho del inefable premio que si perseveramos nos das en cada comunión.

Reflexión Apostólica:
En la Celebración Eucarística, el apóstol recibe el alimento, Señor, de tu Palabra y de tu Cuerpo. Leemos en el Evangelio, que después de haber satisfecho las necesidades de los que te seguían, los despides. Así después de haberte recibido, Jesucristo, como alimento para el alma, también a mí me despides, esperando que sea yo tu instrumento para aliviar las necesidades espirituales y materiales de aquellos que lo están necesitando.

Propósito:
Buscaré y viviré “soluciones”, no dificultades.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home