Wednesday, January 10, 2007

Meditación: Separando su fama

No enseñaba como los escribas, sino como quien tiene autoridad.

Evangelio:

En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

Meditación:

La sinagoga es la casa de oración de los judíos. Jesús entra a orar y a enseñar su nueva doctrina, con autoridad, a diferencia de los maestros de la Ley. Y con la misma autoridad echa fuera a los demonios, lo que provoca gran asombro y que su fama se extienda por toda Galilea.

¿Qué tanto conozco de esta doctrina nueva por la que estoy, por mi bautismo, comprometido? Mis conocimientos, muy probablemente, se han quedado al nivel de la catequesis que recibí cuando niño. La doctrina cristiana es la que debe guiar nuestra vida, nuestra religión no puede ser de sensaciones, sentimentalismos o de impulsos, tiene que estar bien fundamentada y esto se logra con el estudio y la lectura. El Espíritu Santo nos ilumina en este aspecto, pero no puede hacer nada si no aportamos nuestra voluntad de trabajar.

Asistamos a las clases, cursos y conferencias que tenemos a nuestro alcance, pero no caigamos en el racionalismo que deja del lado a la fe. Luchemos por mantenernos en estado de gracia pues, ¡cuántas veces se nos presenta un “espíritu inmundo”, llamándonos a la sensualidad o a la soberbia! Sabemos que todo ello no puede mandar en nosotros si, estando en gracia de Dios, nos entregamos, diariamente, al esfuerzo por vivir la virtud. Podemos tener tentaciones, mas, en nuestra intimidad, tenemos la conciencia que nos hace ver el bien y el mal y nos evita así caer. Sin embargo, si caemos, allí está Jesús presente en el Sacramento de la Reconciliación para levantarnos amorosamente, volvernos a su amistad y seguir confiando en nosotros.

Reflexión apostólica:

Haré de la Biblia y el Catecismo de la Iglesia Católica mis dos grandes libros de cabecera. Ante cualquier duda, acudiré a ellos. No improvisaré, ni me dejaré guiar por mis sensaciones. Los apóstoles no sólo son de corazón, sino también de razón.

Propósito:

Documentarme en el Catecismo y fundamentarme en el amor.

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