Friday, January 05, 2007

Meditación: El Rey de Israel

Vemos ponerse el sol y la naturaleza que nos habla de Dios; quizá sale de nosotros un gesto de agradecimiento pero después se nos olvida.

Evangelio: Juan 1,43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: "Sígueme". Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: "Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret". Natanael le replicó: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?". Felipe le contestó: "Ven y verás". Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño". Natanael le contesta: "¿De qué me conoces?". Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi". Natanael respondió: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores". Y le añadió: "Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

Meditación:

Quién pudiera hoy acercarse a un lago y disfrutar viendo al Señor mientras predica. «Si yo hubiera estado allí, Señor, te hubiera seguido». Esta es una de las típicas tentaciones que surgen al oír pasajes evangélicos como el que hoy se nos propone. Pero el Señor sabe que eso seguramente no es verdad.

Tenemos su Cuerpo, su presencia continua en el Sagrario, y a veces no tenemos tiempo ni para saludarle a lo largo de un día tal vez agitado. Tenemos a la Iglesia que nos muestra con amor el camino que debemos seguir a través de los sacramentos para estar más cerca de Dios, y cuántas veces parece que lo olvidamos. Tenemos a sus ministros que se preocupan de que estemos cerca de Cristo, los escuchamos, los entendemos, pero muchas veces el alma no se mueve, no se siente tocada. Tenemos a nuestros hermanos que con sus múltiples ejemplos, sus muestras de cariño nos invitan a amar y pensamos que merecemos que "nos quieran" antes que cualquier cosa. Vemos ponerse el sol y la naturaleza que nos habla de Dios; quizá sale de nosotros un gesto de agradecimiento pero después se nos olvida. ¿Soy capaz, Señor, de verte en la sonrisa de un niño pero no de serte fiel? Ayúdame Señor.

Reflexión apostólica:

En las múltiples actividades de mi vida ser capaz de tener presente a Dios y de vivir mi vida agradeciéndole todo lo que me da, bueno y no tan bueno.

Propósito:

Me acodaré de Dios al comenzar cada una de las actividades de este día para decirle: ¡Gracias Señor!

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