Sunday, June 17, 2007

Meditación: Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido

Evangelio:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 3-7
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.
Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse”.

Meditación:
¡Dios es un Padre misericordioso! Con qué amor trata a la oveja perdida. Va a buscarla, preocupándose de ella, curándole las heridas que haya podido sufrir en las veredas… Cualquier otro pastor, después de haber encontrado la ovejilla alejada de las otras, la hubiera podido conducir al redil con empujones, con amenazas y hasta con malos tratos, o la hubiera castigado por su extravío, más aún, la hubiera dejado sola en los montes. Pero el Padre de la Misericordia no obra así con nosotros, sus ovejas perdidas; nos toma, nos lleva sobre sus hombros y nos cura.
El Hijo de Dios es ese pastor que no puede abandonarnos a nuestra suerte. Por eso se hace hombre, y ofrece su vida por las ovejas. No nos redime con el castigo, ¡nos redime con su amor, con su paciencia! Su amor es un amor que salva. El amor de Dios es un amor que nos busca. Jesús nos enseña que amar quiere decir estar dispuestos a sufrir.
Conscientes de este gran amor del Corazón de Cristo, podemos depositar toda nuestra confianza en Él. Cada día es una oportunidad para volver a la casa del Padre. Aunque tengamos dificultades para convertirnos a Dios, existe siempre la certeza de Su amor y Su misericordia.
Este pasaje nos muestra también la alegría de Cristo y de nuestro Padre celestial por todo pecador que se arrepiente. Roguemos siempre para que quienes se han apartado de Dios vuelvan al redil del Buen Pastor.

Reflexión apostólica:
Todos necesitamos de la paciencia, del perdón, de la comprensión que vemos en el Buen Pastor. Acerquémonos frecuentemente a Él en oración para imitarle en esas virtudes, tratando a los demás como Él los trata.

Propósito:
Mostrarme paciente, amable con las personas a ejemplo de Cristo.

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