Saturday, January 13, 2007

Meditación: El poder de perdonar

Al momento desapareció la lepra.

Evangelio: Lucas 5, 12-16

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”.

Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar. Palabra del Señor.

Meditación:

Vemos que los Evangelios nos presentan a Jesús que se dedica completamente a la predicación y a la curación de los enfermos en los pueblos de Israel. El Evangelio de hoy que narra la curación de un leproso nos lleva a reflexionar que nuestra relación con Dios se puede resumir así: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Es Jesús que se acerca a cada persona, extiende su mano, toca nuestra alma con llagas y nos hace salir de nuestros pecados.

Los enfermos de los que hablan los Evangelios son imagen de lo que hace el pecado en nosotros. El mal nos ata y poco a poco nos va paralizando espiritualmente con la envidia, el rencor, la mentira, y todos los demás pecados. El hombre, paralizado por el pecado ¡tiene necesidad de Cristo!

Podemos también recordar a los enfermos de todas las partes del mundo, que no sólo sufren a causa de la falta de salud, sino también por la soledad o el olvido. La enfermedad es un rasgo típico de la condición humana, pero nosotros podemos aliviar ese dolor llevando a Cristo “médico de las almas”, a todos los enfermos, por medio de nuestras oraciones ofrecidas por ellos.

Reflexión apostólica:

El apostolado debe comenzar con la práctica de la caridad, el servicio y la donación con todos los que nos rodean.

Propósito:

Como el leproso, acercarme con decisión y confianza al amor de Jesús que puede perdonar mis pecados y renovar mi vida.

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