Saturday, January 27, 2007

Meditación: Dios sabe más

Frente al amor de Dios: no preguntemos, más bien respondamos; no exijamos, más bien entreguémonos.

Evangelio:
Lucas 1,1-4;4,14-21
Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto, impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que está escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comezó a hablar diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

Meditación:
En algún momento de nuestra vida todos nos preguntamos: ¿Qué quiere Dios de mi? ¿Qué es lo que tengo que aportar a su obra? San Lucas comienza su Evangelio explicando el cómo y el porqué del mismo. Imagino que cuando empezó a recopilar y escribir no tenia ni idea de lo importante que sería para la Iglesia dicha narración. Seguro que era consciente de la importancia de su entrega pero casi seguro que desconocía la trascendencia y el servicio a los intereses de la Iglesia de Cristo que su evangelio iba a tener.

En algunos momentos de nuestra vida nos preguntamos si merece la pena seguir luchando, si todo esto sirve para algo. Normalmente son momentos de tiniebla, de angustia... Creemos que necesitamos ver algún fruto para poder seguir caminando. Cuando no vemos ese fruto es porque realmente no necesitamos verlo, porque no es lo mas adecuado para nuestra alma en ese momento. Dios sabe más. ¿Quiere esto decir que nuestra entrega es estéril? No, quiere decir que nuestros frutos cuando estén maduros serán recogidos por quien tengan que serlo.

No debemos olvidar nunca que la entrega al amor de Cristo siempre es fecunda y útil. En un edificio, la piedra más importante siempre es la que está bajo tierra; la que está más a la vista, la que adorna, siempre es sustituible, sin ella el edificio se sostiene. En cambio, sin unos buenos cimientos los edificios se caen. Frente al amor de Dios: no preguntemos, más bien respondamos; no exijamos, más bien entreguémonos.

Jesús, no me permitas titubear, no me dejes caer en el desaliento, no dejes que me aleje nunca de ti.

Propósito:
Hoy ofreceré un acto que me cueste por el bien de la Iglesia.

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