Saturday, January 27, 2007

Meditación: Testimonio de Cristo

Los espíritus inmundos gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”.
Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

Evangelio:
San Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

Meditación:
Los Evangelios permiten seguir paso a paso a Jesús, en su labor apostólica. En este pasaje vemos que la muchedumbre rodea a Jesús para escucharle. Podemos imaginar la escena. El número de los que oían a Jesús creaba ciertas dificultades, al punto tal, que dice el Evangelio, “estaba a punto de aplastarlo”. El maestro pide subir a una barca, desde ahí invitaba Jesús a los hombres a participar de su Reino.

Nosotros también estamos llamados a colaborar con la extensión del Reino de Cristo entre los hombres. No podemos esconder, ni conservar para nosotros la fe en Cristo. Pensemos que la primera forma de evangelización es el testimonio. Las personas creen más en la experiencia de vida y en los hechos que en las teorías o las palabras. La primera forma de testimonio es la vida personal o familiar, que hace visible nuestro modo de comportarnos. El cristiano que, aun con todos los límites y defectos humanos, vive con sencillez según el modelo de Cristo, es un testigo de Dios y de las realidades espirituales. Todos en la Iglesia, podemos y debemos dar este testimonio.
El testimonio, al que el mundo es más sensible, es la práctica de la caridad. Esa capacidad de donación, que contrasta profundamente con el egoísmo presente en el mundo, hace surgir en los demás unas preguntas precisas que orientan hacia Dios. ¡Nuestro testimonio coherente, puede impulsar a otros a seguir a Cristo!

Reflexión apostólica:
Si quiero hacer algo por los demás, la primera buena obra será la de dar un buen testimonio en mis palabras y comportamientos, en todo tiempo y lugar.

Propósito:
Analizar qué hay en mi comportamiento que pueda ser antievangélico y tratar de quitarlo de mi vida para dar un mejor testimonio de Cristo.

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