Saturday, January 27, 2007

Meditación: El amor de Jesús

Curó a muchos enfermos de diversos males

Evangelio:

San Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, todo pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que 1os demonios hablaran, porque sabían quién era Él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.


Meditación:

Jesús nos da ejemplo perfecto de amor a Dios y amor al prójimo. El Evangelio de hoy nos habla de este amor de Jesús por su Padre y por los hombres, nos dice que después de pasar la tarde curando y sanando a los enfermos y poseídos, se levantó temprano para ir a orar. Jesús nos enseña que la fuente del amor es Dios y que es necesario orar, dedicar tiempo a hablar con Dios, para de ahí tener la gracia de amarlo en los demás.

Ahora bien, el amor no es solamente un sentimiento. El amor es donación. Y el amor al prójimo no se dirige sólo a quienes de hecho ya amo: mi familia, amigos, personas que nos hacen el bien. No. La autenticidad de la oración cristiana se prueba en la caridad hacia los otros, especialmente hacia las personas que no me agradan, me son antipáticas o quienes no conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios. Allí se aprende a mirar a las personas no ya sólo con nuestros ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Pero si en nuestra vida falta el contacto con Dios, no podremos reconocer en los otros la imagen de Dios. Y si en nuestra vida omitimos la atención a los demás, entonces nuestra relación con Dios no es auténtica.


Reflexión apostólica:

Reflexionar ¿cuánto tiempo a la semana dedico a Dios y a los demás?


Propósito:

Dedicar hoy un tiempo a ayudar a alguien.

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