Wednesday, April 04, 2007

Meditación: Intentaron apoderarse de él, pero se les escapó de las manos

El Señor está a mi lado como guerrero poderoso

Evangelio:
Jn 10, 31-42
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”

Le contestaron los judíos: “No te queremos por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”.

Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos. Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ninguna señal prodigiosa; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí. Palabra del Señor.

Meditación:
¡Cuántas manifestaciones del amor del Padre nos ha descubierto Jesucristo en la vida personal de cada uno! Y, ante el texto que hoy leemos, podemos convenir en que muchas veces no sólo hemos ignorado las bendiciones que nos prodiga en cosas concretas, sino que en esas ocasiones en las que nos llegan las pruebas, lo agredimos con dudas de fe y negando la esperanza. Así, aunque el Señor esté presente y cerca del hombre queriendo acompañarlo en todas sus circunstancias, si el orgullo de éste cierra en él la visión que la fe le procura, le damos la espalda al Amor y a la misericordia, negándonos a aceptar sus caminos.

A la luz del Evangelio veo, Señor, que toda labor apostólica hecha por Ti y para Ti da frutos en el tiempo y por ello te encontraste con la adhesión de la gente que Juan había preparado. Ante este testimonio me percato de la necesidad y de la importancia de no cejar en el esfuerzo de anunciar, con mi testimonio y mi palabra, tu Verdad a mis hermanos.

¡Que responsabilidad tenemos de anunciar con actitudes cristianas de que Jesucristo está presente y que nos ama! Habrá personas que no tienen la cercanía o el acceso fácil a quien los puede formar en la fe, mas si cada cristiano con su vida hace patente el amor de Dios por todos sus hijos, está preparando a esas almas a encontrarse un día con Jesucristo.

Reflexión Apostólica:
Abrir los ojos de los demás a las manifestaciones del amor de Dios es una hermosa tarea para el apóstol de Jesucristo.

Propósito:
Propiciar que mis adolescentes descubran las manifestaciones del amor de Dios en ellos.

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