Saturday, March 24, 2007

Meditación: Ayudar al necesitado

Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.

Evangelio:
Lc. 16, 19-31
En aquél tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.”

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos, y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: “Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que me moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, por que me torturan estas llamas”. Pero Abraham le contesto: “Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá, ni hacia acá”.

El rico insistió: “Te ruego, entonces padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos”.

Abraham le dijo: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.” Pero el rico replicó: “No padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán”. Abraham repuso: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”

Meditación:
Aunque el Evangelio no se refiere a una negativa explícita de ayuda del rico para con el pobre, sí esboza la injusticia del rico que ignora a Lázaro y su indigencia. Es el pecado de omisión al que la doctrina de la Iglesia nos alerta. Podemos a veces sentirnos tranquilos de conciencia pues no vemos en ella ningún acto de agresión directa al prójimo. El Evangelio nos hace ver hoy lo equivocados que podemos estar y la culpabilidad tan grave que tenemos por omitir esos deberes y obligaciones que en justicia tenemos con el prójimo. La omisión en la caridad niega la dignidad del otro.

Honestamente el mensaje me alerta, pues quizás una causa importante de la falta de justicia en el hombre, hacia sus semejantes y hacia el mismísimo Dios, está precisamente en que no se hace caso de su Palabra. Yéndome a las causas encuentro dos: la dureza del corazón cuya fuente es la soberbia y que nos “atolondra”, que nos embota y nos hace ciegos e insensibles a la miseria de los demás, y la falta de auténticos apóstoles que amen la Palabra y la sepan llevar con sencillez y humildad a los demás.

Reflexión apostólica:
Trabajemos por fijar en la memoria y en el corazón de los demás y en la propia, lo que Jesucristo es y lo que hizo por el hombre, estudiando con seriedad y disciplina su Palabra.

Propósito:
Abrir los ojos hacia el necesitado y auxiliarlo.

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