Thursday, March 29, 2007

Meditación: El Señor tú Dios es el único Dios, ámalo

Nunca llamaremos ya "dios nuestro" a las obras de nuestras manos

Evangelio:
Mc. 12, 28-34
En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.

El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor.

Meditación:
Hablar de la caridad es hablar de la esencia de toda la vida cristiana. Porque en la práctica de esta virtud se condensa toda la enseñanza de Jesucristo acerca de cómo debemos conducir nuestra existencia en esta tierra. El pasaje del Evangelio de hoy es una de las páginas más sublimes de todo el Nuevo Testamento, en él Cristo nos habla del amor.

Amor a Dios. Para empezar debemos creer que somos muy amados por Él y poner esta convicción como base de nuestra relación con Dios. Él es amor, porque amor quiere decir donación y Él se nos has donado de una manera total. Porque me ama, me ha creado, porque me ama, pensó en redimirme, porque me ama envió a su Hijo. Debemos meditar con frecuencia en quién es Dios, en nuestra condición de criaturas amadas por Él.

Amor al prójimo. Sólo viviendo la caridad evangélica podremos corresponder al amor de Dios y agradarle. La caridad tiene que ser ante todo positiva, haciendo el bien a los otros, brindándoles apoyo, estima sincera, y sirviéndoles en lo que sea posible. Sobrellevar las cargas del prójimo, silenciar sus errores, ponderar sus cualidades y virtudes, compartir sus éxitos y sus fracasos, etc.

Además, podemos considerar que el amor no se encuentra de improviso, ya listo, de repente, sino que debe madurar, pasar por un camino de purificación, de ejercicio continuo. La vida misma es un camino permanente, para crecer en la caridad, la cual debemos poner en práctica todos los días, sólo así nuestra vida irá alcanzando su auténtica razón de ser.

Reflexión apostólica:
¿He caído en la cuenta de cuán importante es para mi vida vivir la caridad y cuánto puedo perder el tiempo en mi vida si no busco ejercitarme en ella siempre y para con todos?

Propósito:
Tratar con especial caridad a la persona con quien me cueste tratar, siendo paciente y comprensiva.

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