Saturday, March 24, 2007

Meditación: Como Elías y Eliseo, Jesús no ha sido enviado sólo a los judíos

Muchos leprosos había en Israel, pero ninguno fue curado, sino Naamán, el sirio.

Evangelio:
Lc. 4, 24-30
En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria”.

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí. Palabra del Señor.

Meditación:
Todo el Evangelio produce “estupor”, “admiración” y, no pocas veces, “escándalo” en quienes lo escuchan; y así vemos que los nazarenos, escandalizados por las palabras de Jesús, quisieron despeñarlo tras su predicación en la sinagoga.

Se puede suponer que María estaba presente en la sinagoga de Nazaret cuando Jesús, después de leer la profecía de Isaías, comentó ese texto aplicándose a sí mismo su contenido. ¡Cuánto debe de haber sufrido María al constatar la dura hostilidad de sus conciudadanos, que arrojaron a Jesús de la sinagoga e incluso intentaron matarlo!

Imaginemos la escena y el dramatismo de ese momento. Levantándose, echaron a Jesús fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarlo. ¿Qué sentiría María en su corazón de Madre al ver a su Hijo pasando por tal situación?

María, después de ese acontecimiento, seguramente intuyó que vendrían más pruebas, y confirmó su total adhesión a la voluntad del Padre, ofreciéndole su sufrimiento de madre y participando en el drama del rechazo de una parte del pueblo elegido.

Sin duda, María habrá conocido las críticas y las amenazas dirigidas contra Jesús. Sabía de la incredulidad de sus parientes y conocidos en Nazaret.

Se puede muy bien pensar que María, aun sin seguir a Jesús en todo su camino misionero, se mantenía informada del desarrollo de los acontecimientos, sabía de sus milagros, lo que se decía de Él, etc. La separación no significaba lejanía del corazón. Al contrario, seguramente meditaba en la predicación de Jesús y comprendía su significado mejor que sus discípulos.

Reflexión apostólica:
Tengamos presente a María como modelo del seguimiento de Cristo, comencemos por estar más a la escucha de la Palabra de Dios como Ella lo hizo.

Propósito:
Fijarme más en los ejemplos de María y poner en práctica hoy alguno de ellos: aceptación de la voluntad de Dios, vivir con más espíritu de silencio para escuchar a Dios, abrazar mi cruz, etc.

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